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CAPITULO DIEZ

(Tomado del libro “¿Señor, qué debo hacer yo?”)

 

 

Todo cristiano Debe Defender la Verdad

 

¿Cuál es nuestro deber cristiano ante Dios, cuando oímos doctrinas falsas siendo enseñadas? ¿Deberíamos someternos a líderes religiosos que, en ignorancia, promueven enseñanzas falsas que niegan a Cristo? ¿Debemos de quedarnos callados mientras ministros y hermanos por igual, son arrastrados hacia el error espiritual? ¿Qué hicieron los cristianos del primer siglo, cuando las iglesias de Dios fueron confrontadas con error y engaño?

 

El apóstol Judas escribió a los cristianos fieles de su época, alentándolos a permanecer contra la apostasía. Judas dirigió esta epístola a los “llamados santos”—quienes fueron llamados por Dios el Padre, para recibir salvación a través de Cristo. Su carta advierte sobre una conspiración sutil de maestros falsos trabajando dentro de las iglesias, en un intento de pervertir las enseñanzas verdaderas de las escrituras. Judas amonesta a todo cristiano a defender las doctrinas verdaderas, entregadas por Jesús y enseñadas por Sus apóstoles.

 

La carta de Judas trata severamente sobre los maestros falsos—declarando que tales maestros no son guiados por el Espíritu Santo de Dios, sino que, en algunos casos, son realmente motivados por poderes satánicos (Verso 19). Él nos exhorta a ayudar a nuestros hermanos que están siendo atrapados en el engaño y la apostasía (versos 22-23). Las palabras de Judas nos enseñan claramente, que los cristianos tienen una responsabilidad personal de dar testimonio a sus propios hermanos, para salvarlos de la destrucción espiritual.

 

La Epístola de Judas

 

Judas, un siervo de Jesucristo y hermano de Santiago, a los llamados santos, santificados por Dios el Padre y guardados en Jesucristo: Misericordia y paz y amor sean multiplicadas a ustedes. Amados, cuando estaba personalmente ejerciendo toda mi diligencia para escribirles concerniente a la común salvación, fui impulsado a escribirles, exhortándolos a pelear fervientemente por la fe, la cual una vez por todo tiempo ha sido entregada a los santos. Porque ciertos hombres se han deslizado sigilosamente, aquellos de quienes hace tiempo ha sido escrito, condenándolos a este juicio. Ellos son hombres impíos, quienes están pervirtiendo la gracia de nuestro Dios, convirtiéndola en libertinaje, y están personalmente negando al único Señor Dios y a nuestro Señor Jesucristo.

 

Pero yo mismo quiero recordarles, aunque ustedes una vez entendieron esto, que el Señor, después de salvar un pueblo fuera de la tierra de Egipto, la segunda vez destruyó a aquellos que no creyeron. Y los ángeles que no guardaron su propio dominio original, sino desertaron su habitación, Él está reteniéndolos en cadenas eternas bajo oscuridad hasta el juicio del gran día. Exactamente como Sodoma y Gomorra—y las ciudades rodeándolas, en la misma manera como ellas—habiéndose dado así mismas a libertinajes sexuales, y habiendo ido tras carne diferente, están ellas mismas exhibidas como un ejemplo perpetuo de  sufrir el castigo del fuego eterno,

 

“En la misma forma también, estos soñadores de sueños inmundos están profanando la carne, y están declarando como inválido el señorío de Dios, y están blasfemando los poderes divinos. Pero Miguel el arcángel, cuando estaba personalmente teniendo problema con el diablo, disputando acerca del cuerpo de Moisés, no presumió para pronunciar un juicio de maldición contra él, sino dijo, ‘¡El Señor Mismo te reprenda!’ En cuanto a estos, cualquier cosa que no entienden, blasfeman; pero cualquier cosa que entienden por instinto, como brutas bestias irracionales, están corrompiéndose así mismos en estas cosas.

 

“¡Ay de ellos! Porque han caminado en el camino de Caín; y por ganancia, se han abandonado totalmente así mismos al engaño de Balaam, y han muerto en la rebelión de Coré. Estos son manchas subversivas en sus fiestas de amor, festejando en persona junto con ustedes; sin miedo están alimentándose a sí mismos. Son nubes sin agua, siendo llevadas por los vientos; árboles de otoño tardío, sin ningún fruto, desarraigados, dos veces muertos; Olas furiosas del mar, lanzando como espuma su propia vergüenza; estrellas errantes, para quienes ha sido reservada ¡la más negra oscuridad para siempre!

 

Y Enoc, el séptimo desde Adán, también profetizó de estos, proclamando, ‘He aquí, el Señor viene con diez mil de Sus santos Para ejecutar juicio contra todos, y condenar a todos quienes son impíos de todas sus obras de impiedad que han cometido impíamente, y de todas las duras cosas que pecadores impíos han hablado contra Él.’ Estos son quejumbrosos y criticones, que están caminando tras sus propias lujurias personales, mientras sus bocas están hablando grandes palabras infladas, halagando personas por el amor de la ventaja.

 

Pero ustedes, amados, recuerden las palabras que fueron habladas antes por los apóstoles de nuestro Señor Jesucristo; Porque ellos les dijeron que en los últimos tiempos habrían burladores, que estarían egoístamente caminado de acuerdo a sus propias lujurias impías. Estos son aquellos que causan división; [ellos] son [usan poderes] síquicos, no teniendo el Espíritu de Dios.

 

“Pero ustedes, amados, estén edificándose a sí mismos en su fe más santa, orando en el Espíritu Santo, Para que se guarden así mismos en el amor de Dios mientras están personalmente esperando la misericordia de nuestro Señor Jesucristo hacia vida eterna.

 

“Entonces por un lado, muestren misericordia a aquellos individuos que están dudando; Pero por otro lado, protejan a otros con temor, arrebatándolos del fuego, odiando aun el vestido que ha sido profanado por la carne.

 

“Entonces para Él Quien es capaz de guardarlos de caer, y traerlos a la presencia de Su propia gloria, sin culpa en gozo excesivo, Al único Dios sabio nuestro Salvador, sea la gloria y grandeza, el poder y autoridad, aun ahora, y en todos los siglos de la eternidad. Amen.”

 

 

Debemos Defender la Verdad Individualmente

 

Las palabras inspiradas de Judas, nos revelan que somos individualmente responsables de mostrar a los hermanos que están siendo engañados por maestros falsos, y que sus caminos son contrarios a las Escrituras. Debemos alegar con nuestros hermanos para que se vuelvan de su error y se arrepientan—y retirarnos de cualquier iglesia que no predica la Biblia correctamente.

 

De hecho, aquellos que realmente desean caminar en la luz de la Palabra de Dios, no pueden tener convivencia espiritual con aquellos que insisten en seguir un “cristianismo sin costo.” Dios ordena a los verdaderos creyentes, que se separen a sí mismos de las falsedades y de las prácticas pecaminosas de “Babilonia la Grande” [el Catolicismo] —la religión falsa. En el libro de Apocalipsis leemos, “Sal de ella, Mi pueblo, para que no tengas parte en sus pecados, y no recibas de sus plagas, Porque sus pecados han llegado tan lejos como el cielo, y Dios ha recordado sus iniquidades. Háganle a ella como ella les ha hecho a ustedes; y denle el doble, incluso de acuerdo a sus obras. En la copa que ella mezcló, devuélvanle el doble.” (Apocalipsis 18:4-6).

 

Aquellos que adoran a Dios en espíritu y en verdad (Juan 4:23-24) no pueden tener relación con el “cristianismo” falso. Los verdaderos creyentes no pueden convivir con aquellos que enseñan mitos, tradiciones humanas, error absoluto—ni con aquellos que no pueden progresar más allá de la papilla. En la actualidad, la “Religiosidad” se ha convertido abrumadoramente en un cristianismo sin costo y carnal—el cual es la religión falsa. Si nosotros aceptamos tales prácticas y enseñanzas, ¡corremos el riesgo de perder nuestra vida eterna!

 

Dios se ha responsabilizado de llevarnos a la salvación a través de Jesús, de darnos de Su Espíritu, de darnos de Su entendimiento, de llenarnos de Su amor, si es que nosotros tenemos hambre y sed de ello. Pero Dios no interviene personalmente para evitar que seamos expuestos a doctrinas falsas. En lugar de esto, nos ha dado la verdad de Su Palabra, para que podamos reconocer y refutar las doctrinas falsas. Él ha previsto “el Espíritu de verdad” para guiarnos, y para enseñarnos la verdad de todas las cosas correspondientes a la vida eterna a través de Cristo. Nosotros no seremos engañados por doctrinas falsas si estamos estudiando y buscando seriamente la verdad de la Palabra de Dios, con la ayuda de Su Espíritu Santo. Aunque no entendamos todo perfectamente, estaremos creciendo en la gracia y el conocimiento de nuestro Señor Jesucristo.

 

Como cristianos individuales, debemos estar cimentados y edificados en la Palabra de Dios, para poder resistir la influencia corruptiva de los ministros falsos. Es nuestra responsabilidad individual como cristianos, el estudiar diligentemente la Palabra de Dios para poder discernir la verdad del error, no sea que también seamos engañados.

 

En el libro de Hebreos, Pablo amonesta a los hermanos porque fueron laxos y negligentes en su responsabilidad personal cristiana. Éstos cristianos eran espiritualmente inmaduros en su entendimiento, porque no habían estado cimentándose a sí mismos en la palabra de Dios. Pablo declaró, “Porque verdaderamente, por este tiempo ustedes debían ser maestros, pero en lugar de esto necesitan tener a alguien que les enseñe otra vez que son los principios iniciales de los oráculos de Dios, y han llegado a ser aquellos en necesidad de leche, y no de comida sólida. Porque todo el que esta participando de leche es inepto en la palabra de justicia porque es un infante. Pero la comida sólida es para aquellos que están complemente crecidos [espiritualmente maduros], quienes a través de repetida práctica han tenido sus sentidos entrenados para discernir entre bien y mal” (Hebreos 5:12-14).

 

El propósito de Dios es darnos madurez espiritual, conformándonos completamente al carácter de Jesucristo, para que nosotros también podamos nacer dentro de Su familia divina y ser Sus hijos para siempre. Pero no podemos ser espiritualmente maduros si continuamos asistiendo a iglesias muertas o moribundas, y si sólo nos alimentamos de papilla—o peor aun, error absoluto.

 

Más bien, debemos buscar entender la verdad completa de la Palabra de Dios, para que podamos crecer espiritualmente. Sólo entonces podremos ser capaces de “discernir entre el bien y el mal”—y de reconocer y refutar las doctrinas falsas.

 

Presión Familiar

 

Los pastores y ministros falsos no son los únicos que pueden apartarnos de la verdad. De hecho, cuando una persona comienza a vivir por la verdad después de haber vivido en el engaño, los primeros en querer obstaculizar el crecimiento del que hablamos son los familiares. No es de extrañar que esto sea así, puesto que los familiares [y más específicamente los padres] son los primeros en educar a sus hijos en el aspecto religioso.

 

Los padres son por mucho la influencia más trascendental en el desarrollo de los hijos. Los primeros educadores son los padres, y por lo tanto, los hijos tenemos una tendencia a hacer ciertas cosas igual que ellos. La religión en este caso no es la excepción. De hecho, la religión es una parte tan importante de la vida en la cultura latinoamericana, que es lo primero que se enseña a los hijos. Incluso todas las cosas que se les enseña a los hijos están basadas en tales creencias.

Pero, ¿Qué sucede cuando una persona abandona la “fe” que le fue inculcada por sus padres, para seguir la verdad? Como mencionamos anteriormente, se requiere de mucha valentía para creer y vivir por la verdad, pero sobre todo para defender la verdad.

 

Cuando los padres y familiares de un individuo que comienza a vivir por la verdad, ven que éste deja de hacer y practicar ciertas cosas [como guardar el domingo, dejar de celebrar fiestas paganas, dejar de comer animales impuros, entre otras] para remplazarlas por otras que Dios ordena, sus reacciones pueden variar. Unos pueden presentar un sentimiento de indignación, otros de ofensa, o por el contrario, pueden aparentar no importarles mucho al principio. Pero a la larga la tendencia de familiares y amigos cercanos a la persona, por lo general va a ser: ¡tratar de regresarlo a su estado anterior! ¡Tratar de hacerlo volver a Egipto! [Espiritualmente hablando, como sucedió con el antiguo Israel].

 

En una ocasión tuve la oportunidad de platicar con una persona que fue seminarista católico. Este hombre es originario de un pueblo pequeño en el centro de la República mexicana, y estuvo estudiando para ser ordenado como sacerdote. En una entrevista que tuve con él me dijo lo siguiente: “Yo siempre fui muy rebelde, y nunca fui visto con buenos ojos en el seminario porque siempre cuestionaba todo… Con el paso del tiempo, me di cuenta de que prácticamente toda la doctrina y teología de la iglesia no tenían fundamento alguno. Cuando comencé a guiar mi vida por lo que dice la Biblia, la gente me veía como un traidor y no me hablaban, y si lo llegaban a hacer, era para pronunciarme alguna maldición o amenaza…”

 

El fervor religioso en Latinoamérica puede llegar a estos extremos, puede llegar al punto donde las personas con las que solíamos convivir y que formaban parte de nuestra vida nos desconocen, o peor aún, nos repudian y ofenden. El mismo rey David no pudo haberlo descrito mejor: “Porque no es un enemigo el que me ha injuriado—porque lo habría soportado. No es el que me odia quien se ha magnificado a sí mismo contra mí—porque me escondería de él. Sino que eres tú, un hombre igual a mí, mi compañero y mi amigo íntimo.” (Salmo 55:12-13).

 

Este es uno de los aspectos más complicados de conocer la verdad y defenderla, porque requiere un cambio de prioridades, requiere que su familia deje de ser lo que más le importa en ésta vida. Satanás es tan astuto, que muchas veces utiliza a nuestros familiares y amigos para hacernos caer de nuevo en el engaño. Es por eso que siempre debemos de estar alertas, porque hay muchas formas de presión familiar para seducirnos. Algunos ejemplos pueden ser: “bueno, ir a la cena de Navidad un rato no tiene nada de malo… después de todo no estoy celebrándola, sólo iré a cenar con mi familia,” o puede ser que diga, “No creo que haya problema en asistir a la fiesta de cumpleaños de mi único sobrino en sábado, no es como si estuviera trabajando…” Usted no debe dejar que lo engañen… pero sobre todo, ¡no se engañe a sí mismo! ¡Recuerde que nadie podemos servir a dos amos o maestros!

 

 La realidad es que no podemos quedar bien con Dios y con el mundo, y si usted ha tenido la oportunidad de conocer la verdad… entonces tiene la responsabilidad de defenderla a costa de lo que sea, incluso de su propia familia. El precio puede parecerle muy elevado, pero no se compara con la recompensa que Dios ofrece por hacerlo, y por amarle a Él y a Jesucristo más que a cualquier otra persona.  También es importante que recuerde que absolutamente todas las personas, incluyendo a sus familiares por supuesto… ¡Van a tener la oportunidad de conocer lo que Dios le está mostrando a usted, ya sea en ésta era, o después de la venida de Cristo!

 

La verdadera convivencia es con Dios el Padre y Jesucristo

 

La verdadera convivencia cristiana comienza con una relación personal con Dios el Padre y Jesucristo, a través del poder del Espíritu Santo. El apóstol Juan escribió, “Eso que hemos visto y hemos oído estamos reportándoles para que también puedan tener compañerismo con nosotros; porque el compañerismo—ciertamente, nuestro compañerismo—esta con el Padre y con Su propio Hijo, Jesucristo” (I Juan 1:3).

 

Nosotros debemos “adorar a Dios en espíritu y en verdad,” porque Dios es Espíritu. La verdadera convivencia espiritual no es un evento de una vez por semana, sino una relación constante con Dios y Jesús, mientras buscamos vivir diariamente por cada palabra de Dios. Jesús dijo, “Esta escrito, ‘El hombre no vivirá por pan solamente, sino por cada palabra que procede fuera de la boca de Dios.’ ” (Mateo 4:4).

 

La convivencia con Dios el Padre y Jesucristo no puede ser otorgada por ninguna organización religiosa o iglesia organizada. Tal convivencia está basada en el pacto personal con Dios, al cual entra cada creyente verdadero en el momento del bautismo. Mientras esta convivencia íntima espiritual es el regalo de Dios para todo cristiano, es nuestra responsabilidad mantener esa convivencia, al continuar caminando en la luz de su Palabra—porque sólo entonces, estamos en una unión espiritual verdadera con Dios el Padre y Jesucristo. Si nosotros continuamos en esta convivencia verdadera, no hay porque temer. Dios no nos abandonará mientras permanezcamos fieles a Su verdad. Si nosotros defendemos la verdad, es posible que tengamos que hacerlo solos por un tiempo, pero siempre tendremos convivencia con el Padre y Jesucristo. Cuando pocos hermanos tienen la oportunidad de convivir y estudiar la Palabra de Dios juntos,  Dios estará con ellos. Jesús ha prometido, que dondequiera que dos o tres creyentes genuinos se reúnan en Su nombre, Él estará entre ellos.

 

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