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CAPITULO ONCE

(Tomado del libro “¿Señor, qué debo hacer yo?”)

 

 

Lo que Dios requiere de los Ministros

 

Dios está tratando y probando continuamente a cada ministro y pastor, para determinar quienes le aman a Él y a Su Palabra en realidad. De hecho, Dios está haciendo una distinción entre los ministros que predican Su Palabra fielmente en verdad, y aquellos que, en complacencia y negligencia, fracasan en proveer para las necesidades espirituales de sus congregaciones. Dios también está tomando nota de aquellos  que solo están buscando posición, prestigio y poder.

 

Cada ministro de Jesucristo necesita examinar su propia mente y corazón cuidadosamente, para evaluar honestamente sus motivos personales para estar en el ministerio. Esta es la auto-examinación a la cual Cristo requería que se sometiera el apóstol Pedro. Cada ministro debería aplicarse a sí mismo esta prueba de las Escrituras:

 

“Por tanto, cuando  habían terminado de comer, Jesús le dijo a Simón Pedro, ‘Simón, hijo de Jonás, ¿Me amas mas que a estos?’ Y él le dijo, ‘Si, Señor. Sabes que  Te amo.’ Él le dijo, ‘alimenta Mis corderos.’

“Él le dijo de nuevo una segunda vez, ‘Simón, hijo de Jonás, ¿Me amas?’ Y él le dijo, ‘Si, Señor. Sabes que Te amo.’ Él le dijo, ‘Pastorea Mis ovejas.’

 

“Él le dijo la tercera vez, ‘Simón, hijo de Jonás, ¿Me amas?’ Pedro estaba afligido porque Él le dijo la tercera vez, ‘¿Me amas?’ Y él le dijo, ‘Señor, Tu sabes todas las cosas. Sabes que Te amo.’ Jesús le dijo, ‘alimenta Mis ovejas.’” (Juan 21:15-17).

 

Cada ministro que tiene el Espíritu de Dios ha sido encomendado a ésta comisión, así como Jesús comisionó a Pedro. Cada ministro necesita saber que el propósito mismo de su llamamiento, es alimentar a las ovejas de Dios—los hermanos de Jesucristo. Si algún hombre es ministro por cualquier otra razón, su ministerio será superficial e inefectivo.

 

Aquellos ministros que de verdad aman a Jesús continuarán predicando toda la verdad de Dios, aun estando en riesgo de pérdida personal o de privación, tal como Pablo instruyó a Timoteo:

 

“Y que desde niño has conocido los sagrados escritos, los cuales son capaces de hacerte sabio hacia salvación a través de fe, la cual es en Cristo Jesús. Toda la Escritura es respirada por Dios y es útil para doctrina, para convicción, para corrección, para instrucción en justicia; Para que el hombre de Dios pueda ser completo, totalmente equipado para toda buena obra…. Te encargo, por tanto, a la vista de Dios, incluso del Señor Jesucristo, Quien está listo para juzgar a los vivos y a los muertos en Su manifestación y Su reino: ¡Predica la Palabra! Urge en temporada y fuera de temporada; condena, reprende, anima, con toda paciencia y doctrina.” (II Timoteo 3:15-17; 4:1-2).

 

Cada ministro, pastor, y maestro, seguirá el ejemplo de Pablo, quien enseñó fielmente el verdadero mensaje del Evangelio, porque él valoró el bienestar espiritual de sus hermanos sobre su propia vida física. Pablo soportó gran persecución y dificultad, mientras enseñó fielmente a sus hermanos la verdad de Dios que lleva hacia la vida eterna. Aquí están algunas palabras sinceras de Pablo para sus hermanos de Corinto:

 

“Porque aquellos de nosotros [ministros] que estamos viviendo somos siempre [continuamente] entregados a muerte por amor de Jesús, para que la vida de Jesús pueda ser también manifestada en nuestra carne mortal. Así entonces, de un lado, la muerte esta trabajando en nosotros [ministros]; y de otro lado, la vida esta trabajando en ustedes [hermanos]…. Porque todas las cosas son por el bien de ustedes, para que la abundante gracia pueda hacer rebosar el agradecimiento de muchos hacia la gloria de Dios.

 

“Por esta razón, no nos desanimamos; sino que si nuestro hombre exterior esta siendo traído a decadencia, aun así el hombre interior esta siendo renovado día a día. Porque la ligereza momentánea de nuestra tribulación esta trabajando por nosotros una inmensurablemente mas grande y eterna plenitud de gloria; Mientras consideramos no las cosas que son vistas, sino las cosas que no son vistas. Porque las cosas que son vistas son temporales; pero las cosas que no son vistas son eternas” (II Corintios 4:11-18).

 

El apóstol Pablo fue fiel al cargo que recibió por parte de Cristo. Como un ministro de Dios verdadero, él alimentó al rebaño con las doctrinas puras de la Palabra de Dios. ¡Su recompensa es segura! ¡Pablo heredará la vida eterna con gloria y poder en el reino de Dios, sirviendo al Padre y a Jesucristo en amor eterno! Esta es la recompensa que Dios ofrece a todo ministro que predique fielmente la pura verdad de Su Palabra, independientemente de la organización corporativa o afiliación religiosa.

 

Los Ministros y Pastores Enfrentarán un Juicio más Severo

 

Sin excepción, cada ministro de Jesucristo será juzgado de acuerdo a sus obras. Si él está predicando fielmente la verdad de Dios sin ponerla en riesgo, él recibirá una recompensa eterna. Sin embargo, si él está poniendo en riesgo la verdad para proteger su posición, su prestigio, su salario, o su pensión, él tendrá que rendirle cuentas a Cristo. De hecho, Santiago advierte que aquellos en posiciones de liderazgo espiritual, enfrentarán un juicio más estricto: “Mis hermanos, no se vuelvan maestros muchos de ustedes, sabiendo que nosotros recibiremos un juicio más severo” (Santiago 3:1).

 

Irónicamente, la mayoría de los ministros “cristianos” de hoy no creen verdaderamente en las Escrituras—y por lo tanto, no obedecen los mandamientos de Dios. Jesús predijo esta misma condición entre los “líderes religiosos”:

 

“No todo el que me dice, ‘Señor, Señor,’ entrará en el reino del cielo; sino aquel que esta haciendo la voluntad de Mi Padre, Quien está en el cielo. Muchos [pastores y ministros] me dirán en aquel día [de juicio, cuando todos—incluyendo a los líderes religiosos—vendrán ante el asiento judicial de Cristo para rendir cuentas], ‘Señor, Señor, ¿No profetizamos [enseñamos o ministramos] por medio de Tu nombre? Y ¿No echamos demonios por medio de Tu nombre? Y ¿No hicimos muchas obras de poder por medio de Tu nombre?’ Y entonces [a causa de sus obras] les confesaré, ‘Nunca los conocí. Apártense de Mí, ustedes quienes obran ilegalidad.’” (Mateo 7:21-23).

 

De hecho, muchos ministros y pastores van ante sus congregaciones usando el nombre de Cristo—diciendo, “Señor” esto y “Señor” aquello. Sin embargo, ya que realmente no creen en lo que dice la Biblia, enseñan fábulas y tradiciones de hombres. Para hacerlas apetecibles, tales enseñanzas son frecuentemente encubiertas en analogías o en historias de “interés humano.”

 

Jesús no tendrá más opción que decirles, “No los conozco”—porque toda su “experiencia cristiana” está basada en ideas de hombres, no en doctrina bíblica sana. Como escribió Pablo, ellos tienen “una apariencia exterior de piedad, pero [son culpables de negar] negando el poder de la verdadera piedad.” (II Timoteo 3:5). El “poder de la verdadera piedad” radica en una obediencia sincera a las leyes y mandamientos de Dios, siendo posibles por la morada del Espíritu Santo. Pero una creencia humilde en la autoridad absoluta de las Escrituras—de ambos, el Antiguo y Nuevo Testamentos—es el punto de partida.

 

De hecho, los pastores tradicionales no usan la Biblia entera típicamente; se apoyan mucho en los escritos de Pablo mientras evaden el Antiguo Testamento, casi en su totalidad. Esto siempre lleva al error doctrinal bruto. El resultado final es la ceguera espiritual—una realidad de fantasía, una ilusión. El cristiano promedio simplemente no se da cuenta, que Satanás el diablo está engañando activamente al mundo entero (Apocalipsis 12:9) a través de ambos: gobierno, y líderes religiosos.

 

Muchos de los pastores y ministros “cristianos” de hoy, son responsables de engañar descuidadamente a sus seguidores para aceptar un cristianismo sin obras, sin costo, y carnal, que los deja insatisfechos  y vacíos espiritualmente. El profeta Isaías advirtió sobre tal condición:

 

“Será incluso como cuando un hambriento sueña, y he aquí, él come, pero despierta y su alma esta vacía; o como cuando un hombre sediento sueña, y he aquí, él bebe; pero despierta, y he aquí, está débil y su alma esta anhelante… [Piensan que están siendo alimentados espiritualmente, pero realmente se están muriendo de hambre.] ¡Estén aturdidos y asombrados! ¡Cieguen sus ojos y sean ciegos! Ellos están borrachos [espiritualmente], pero no con vino; tambalean, pero no por bebida fuerte, Porque [a causa de su incredulidad y desobediencia] el SEÑOR ha derramado sobre ustedes el espíritu de sueño profundo, y ha cerrado sus ojos [ignorancia y ceguera espiritual]; Él ha cubierto [cegado] a los profetas  [pastores y ministros] y sus gobernantes, y a los videntes. Y la visión de todos ha llegado a ser para ustedes como las palabras de un libro que esta sellado, el cual ellos dan a uno que es aprendido diciendo, ‘Por favor lee esto,’ y él dice, ‘No puedo, porque está sellado.’ Y el libro es entregado a quien no es aprendido, diciendo, ‘Por favor lee esto,’ y él dice, ‘No soy aprendido.’ [Las Escrituras están cerradas para ellos, por su falta de obediencia genuina.] [Y ¿Cuál es la causa de ésta condición?] Y el SEÑOR dijo, ‘Porque este pueblo se acerca a Mi con sus bocas, y con sus labios Me honran [usan todas las frases “religiosas” que suenan bien], pero su adoración de Mi es conforme a las tradiciones de hombres aprendidas por rutina, y su temor [y obediencia] hacia Mi es enseñado por los mandamientos de hombres’” (Isaías 29:8-13).

 

¡Este pasaje clave es una acusación poderosa contra el “cristianismo” de hoy! Sí, los hombres desean ser religiosos—sólo para dar “servicio de palabras” a Dios—mientras se deleitan en sus propias obras y tradiciones. Los ministros y pastores de éste mundo se han convencido abrumadoramente, de que  Dios aprueba sus caminos—aun cuando saben que muchas prácticas “cristianas” (tales como guardar el domingo, y las festividades populares de Pascuas y Navidad) son en realidad paganas, y contrarias a la Palabra de Dios.

 

Debido a tal riesgo irresponsable con las Escrituras, Dios les ciega sus ojos y su entendimiento. Noten el verso 14: “Por tanto, he aquí, procederé a hacer de nuevo una obra estupenda entre este pueblo, incluso una obra estupenda y una maravilla, porque la sabiduría de sus sabios [sus pastores y ministros] morirá, y la sabiduría de sus inteligentes [sus eruditos y teólogos] desaparecerá.”—y de ésta manera, se hicieron tontos (Romanos 1:19-22).

 

Los líderes religiosos que ponen en peligro la verdad, se vuelven ciegos al plan verdadero de Dios. Pablo escribió: Pero si nuestro evangelio es escondido, es escondido para aquellos que están pereciendo; En quienes el dios de este mundo ha cegado las mentes de aquellos que no creen… (II Corintios 4:3-4). En su incredulidad, ellos no obedecen las leyes y mandamientos de Dios genuinamente. Por lo tanto, están ciegos—una pena espiritual automática por la desobediencia.

 

El Enseñar Doctrinas Falsas a Conciencia Es Pecado Voluntario

 

Mientras la mayoría de los ministros y pastores “cristianos” son sinceros en sus creencias y convencidos de que están en lo correcto, hay “lobos con piel de ovejas” que se empeñan en un engaño deliberado. De hecho, tales religiosos tuercen y distorsionan la palabra de Dios en rebelión—negando el verdadero camino de vida descrito en las Escrituras. El profeta Isaías dice acerca de ellos, “¡Ay de aquellos que profundizan para esconder sus propósitos del SEÑOR! Y sus obras están en la oscuridad, y dicen, ‘¿Quien nos ve? ¿Y quien nos conoce?’ ¡Ciertamente, ustedes han volteado las cosas al revés! ¿Será el alfarero considerado como el barro de alfarero; porque la obra dirá de quien la hizo, “Él no me hizo?” ¿O la cosa formada le dirá a quien la formó, “Él no tuvo entendimiento?” (Isaías 29:15-16).

 

Igualmente, el profeta Ezequiel expone los esquemas de aquellos pastores y ministros, que socavan la verdad deliberadamente.

 

Hay conspiración de sus profetas en medio de ella, como un rugiente león desgarrando su presa. Ellos han devorado almas; han tomado el tesoro y cosas preciosas; ellos hicieron muchas viudas en medio de ella. Sus sacerdotes han hecho violencia a Mi ley [reclamando que ha sido abolida] y han profanado Mis cosas santas. No han puesto diferencia entre lo santo y lo profano, y no han enseñado la diferencia entre lo impuro y lo puro, y HAN OCULTADO SUS OJOS DE MIS REPOSOS, y Yo soy profanado entre ellos…. Y sus profetas se han cubierto ellos mismos con blanqueador, viendo visiones falsas y adivinando mentiras hacia ellos, diciendo, ‘Así dice el Señor DIOS;’ cuando el SEÑOR no ha hablado.” (Ezequiel 22:25-26, 28).

 

Dios no mira esto como simple ignorancia, o como falta de conocimiento por parte de líderes religiosos. Él lo declara como lo que es en realidad— ¡una conspiración deliberada! Dios ha dejado muy claro en la Biblia como espera que vivan los hombres. Pero muchos de los ministros y pastores de hoy, han cerrado sus ojos a la verdad.

 

Por ejemplo, la mayoría del cristianismo ortodoxo sabe que la observancia del domingo no se aprueba en ninguna parte de la Biblia—que es de origen pagano. Pero hay demasiados ministros y pastores, que voluntariamente continúan en la farsa de que es una “práctica cristiana autorizada”—autorizada por hombres. Ellos se han engañado a sí mismos (y a sus congregaciones) en que el culto del domingo es “aprobado” por Dios. Pero Dios les dice a ellos: “¿Qué derecho tienes para declarar Mis estatutos, y tomar Mi pacto en tu boca? [De nuevo, a ellos les encanta decir “Señor, Señor” y sonar religiosos.] Sí, [pero en realidad] odias ser enseñado, y echas Mis palabras tras de ti” (Salmo 50:16-17).

 

Similarmente, Isaías describe a aquellos líderes religiosos que mezclan el error con la verdad conscientemente:

 

Ay de aquellos que atraen iniquidad con cuerdas de vanidad, y pecado con cuerdas de carreta; Quienes dicen [falsamente], ‘¡Dese Él prisa y acelere Su obra, para que podamos verla; y que el propósito del Santo de Israel se acerque y venga, para que podamos saber!’ ¡Ay de aquellos que llaman al mal bien y al bien mal; que ponen oscuridad por luz y luz por oscuridad; que ponen lo amargo por dulce y lo dulce por amargo!

 

¡Ay de aquellos que son sabios en sus propios ojos, y prudentes en su propia vista! ¡Ay de aquellos que son poderosos para beber vino, y hombres de fuerza para mezclar bebida fuerte: Quienes justifican al malo por un soborno, y quitan la justicia del justo de él! Por tanto como el fuego devora el rastrojo, y la llama quema la paja; su raíz será como podredumbre, y sus flores subirán como polvo porque han desechado la ley del SEÑOR de los ejércitos, y despreciado la Palabra del Santo de Israel. Por tanto, la ira del SEÑOR está encendida contra Su pueblo, y Él ha extendido Su mano contra ellos, y los ha afligido; y los montes temblaron, y sus cuerpos muertos fueron como inmundicia en medio de las calles. En todo esto Su ira no esta apartada, sino Su mano esta todavía extendida. (Isaías 5:18-25).  

 

Muchas de las cosas que están mal con el “cristianismo” tradicional, son el resultado de que sus líderes rechacen la Palabra de Dios, favoreciendo las tradiciones humanas. Pero si los pastores y ministros buscaran la Palabra de Dios honesta y humildemente—y la pusieran sobre cualquier y todas las tradiciones—ellos comenzarían a entender la verdad.

 

El mensaje inspirado de Pablo para los cristianos hebreos, es una advertencia sin tiempo para todos los que se apartan de la verdad, y que comienzan a creer o a enseñar doctrinas falsas. Como Pablo les señaló a estos primeros cristianos, el apartarse de la verdad conscientemente y aceptar doctrinas falsas que niegan a Cristo, es pecado deliberado y traerá la retribución justa de Dios. ¡Cuánto más para aquellos que proclaman ser ministros de evangelio!

 

Él declaró, “Porque si voluntariosamente seguimos pecando después de recibir el conocimiento de la verdad, ya no hay ningún sacrificio por los pecados, sino una expectativa espantosa de juicio inevitable y de fuego feroz, el cual devorará los adversarios de Dios. Consideren esto: cualquiera que rechaza la ley de Moisés muere sin misericordia bajo el testimonio de dos o tres testigos.

 

“¿Cuánto peor castigo piensan que merecerá quien haya pisoteado al Hijo de Dios, y haya considerado la sangre del pacto, con la cual fue santificado, como una cosa profana, y haya desdeñado al Espíritu de gracia?

 

“Porque conocemos a Quien ha dicho, ‘La venganza  Me pertenece. ¡Yo recompensaré!’ dice el Señor. Y otra vez, ‘El Señor juzgará su pueblo.’ Es una cosa terrible caer en las manos del Dios vivo” (Hebreos 10:26-31).

 

¡Ningún ministro ni pastor puede permitirse ignorar esta advertencia solemne! Si nosotros negamos a Jesucristo y a la verdad, al enseñar doctrinas falsas conscientemente, ¡nos estamos removiendo a nosotros mismos de la gracia de Dios y colocándonos bajo Su juicio! El enfrentar el juicio del Dios viviente y la posibilidad de la muerte eterna, ¡es una cosa terrible! Es mucho mejor arrepentirse humildemente y buscar la misericordia y la gracia de Dios, antes de que sea demasiado tarde.

 

Aquellos que no se arrepientan de su infidelidad, están en peligro de endurecerse en su propio engaño. Pablo advirtió, “Tengan cuidado, hermanos, no sea que de pronto haya en alguno de ustedes un corazón malo de incredulidad, apostatando del Dios vivo. Más bien, sean animados unos a otros cada día, mientras es llamado ‘hoy,’ para que ninguno de ustedes llegue a estar endurecido por el engaño del pecado. Porque somos compañeros de Cristo, si verdaderamente retenemos la confianza que tuvimos al comienzo firme hasta el final. Como esta siendo dicho, ‘Hoy, si escucharan Su voz, no endurezcan sus corazones, como en la rebelión’” (Hebreos 3:12-15).

 

Cuando aquellos que alguna vez creyeron la verdad se endurecen completamente en sus corazones, éstos ya no son convencidos por el Espíritu para buscar el arrepentimiento. Ya no hay más gracia para ellos, sino sólo el juicio de Dios. Así como Dios destruyó a aquellos que pecaron en la provocación del desierto, Dios destruirá a todos los pecadores que no quieran oír Su Palabra, y que desprecian el Espíritu de gracia.

 

¡Los Ministros Comprometedores Deben Arrepentirse!

 

Si usted—como anciano, ministro, o maestro—ha estado poniendo en riesgo la verdad de Dios, diluyendo las Escrituras, o predicando “cosas suaves” para mantener una buena posición en una iglesia organizada, ¡usted está en un gran riesgo espiritual! ¡A quien mucho le es dado, mucho se le requiere (Lucas 12:48)! La Palabra de Dios muestra claramente, que un cristiano que condona el pecado y el error a sabiendas, está profanando su conciencia. Una conciencia profanada eventualmente crecerá callosa, e indiferente al poder convincente del Espíritu Santo.

 

Pablo describe el resultado final de rendirse a la presión y tentación de enseñar doctrinas falsas: “Ahora el Espíritu nos dice explícitamente que en los últimos tiempos algunos apostatarán de la fe, y seguirán espíritus engañadores y doctrinas de demonios; Hablando mentiras en hipocresía, sus conciencias habiendo sido cauterizadas [como si lo fueran] con un hierro caliente” (I Timoteo 4:1-2).

 

Todo maestro “cristiano” que se ha rendido a las doctrinas falsas, está en peligro de terminar en esta condición espiritual incorregible. La condonación continua y la aceptación del pecado y el error, son los que conducen a la pérdida de la salvación. El oponerse a doctrinas falsas—aun cuando sean promovidas por las “autoridades” de la iglesia—nunca causará que un cristiano pierda su salvación.

Si usted ha estado poniendo en riesgo la verdad al aceptar o enseñar doctrinas falsas usted necesita arrepentirse y volverse a Dios—porque Él limpiará a todo aquel que se arrepienta verdaderamente con súplicas humildes. Sólo entonces podrá usted ser restaurado en amor y fe con Dios el Padre, y crecer en la gracia y el conocimiento de nuestro Señor Jesucristo. Es importante que ¡No espere un “movimiento general” hacia el arrepentimiento por parte de los feligreses! Es casi seguro que tal movimiento nunca llegue. ¡Es un error grave retrasar nuestro arrepentimiento personal, cuando el Espíritu Santo condena el error y pecado en nuestras vidas!

 

David, un hombre conforme al corazón de Dios, fue sincero en su arrepentimiento cuando el Espíritu de Dios lo condenó. Cuando David pecó grandemente contra Dios, ésta fue su oración de arrepentimiento: “SEÑOR, se misericordioso a mi; sana mi alma, porque he pecado contra Ti.” (Salmo 41:4). De nuevo, cuando se arrepintió de su adulterio con Betsabé y del asesinato de su esposo Urías, él suplicó:

 

“Ten misericordia de mí, Oh Dios, de acuerdo a Tu bondad; de acuerdo a la multitud de Tus tiernas misericordias, borra mis transgresiones. Lávame totalmente de mi iniquidad, y límpiame de mi pecado, Porque reconozco mis transgresiones, y mi pecado esta siempre delante de mi.

 

“Contra Ti, contra Ti solamente, he pecado, y he hecho mal a Tu vista, para que pudieras ser justificado cuando hablas y ser claro cuando juzgas. He aquí, fui dado a luz en iniquidad, y en pecado mi madre me concibió.

 

“He aquí, Tú deseas verdad en las partes internas; y en la parte oculta Me harás conocer sabiduría. Purifícame con hisopo, y seré limpio; lávame, y seré más blanco que la nieve. Hazme escuchar gozo y alegría para que los huesos los cuales has roto puedan alegrarse.

 

Oculta Tu rostro de mis pecados, y borra todas mis iniquidades. Crea en mí un corazón limpio, Oh Dios, y renueva un espíritu firme dentro de mí. No me eches de Tu presencia, y no saques Tu Santo Espíritu de mí” (Salmo 51:1-11).

 

Cualquier ministro o pastor que ha pecado contra Dios al poner en riesgo la verdad, necesita tener la actitud de profundo arrepentimiento y humildad que David tuvo. Tal persona necesita pedirle a Dios que limpie su corazón de los pecados de la negligencia, apatía, complacencia, ineptitud—o de ¡dejar a un lado la verdad de Dios conscientemente, y enseñar falsedades! Pídale a Dios que sane su mente y su corazón—porque Él escuchará y responderá.

 

Jesús dio esta advertencia aleccionadora a la iglesia de Laodicea—aunque esta advertencia es aplicable para todas las iglesias: “Les aconsejo que compren de Mi oro purificado por fuego para que puedan ser ricos; y ropas blancas para que puedan estar vestidos, y la vergüenza de su desnudez no pueda ser revelada; y ¡Unjan sus ojos con colirio, para que puedan ver!

 

“A tantos como amo, regaño y castigo. Por tanto, sean celosos y arrepiéntanse. He aquí, Me paro a la puerta y golpeo. Si alguien oye Mi voz y abre la puerta, Yo entraré a él, y cenaré con él, y él conmigo.

 

“A aquel que venza le daré autoridad para sentarse conmigo en Mi trono, así como Yo también vencí, y Me senté con Mi Padre en Su trono. Aquel que tenga oído, oiga lo que el Espíritu dice a las iglesias” (Apocalipsis 3:18-22).

 

Que Dios le conceda los oídos para oír, el corazón para arrepentirse, y el valor para defender la verdad. Que Dios le conceda el entendimiento y la fuerza que usted necesita para cumplir su deber personal sagrado como ministro, y para defender la fe una vez entregada a los santos.

 

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