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Días santos de Dios: Trompetas, Expiación, Tabernáculos y Último Gran Día
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CAPITULO 12

(Tomado del libro “Días festivos ocultos o Días Santos de Dios¿Cuáles?”)

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Un recorrido de las Fiestas de otoño y Días Santos de Dios en el Nuevo Testamento

 

Por

Fred R. Coulter

www.iglesiadedioscristianaybiblica.org

 

Ocurriendo en el séptimo mes del calendario sagrado, las fiestas de otoño y días santos representan el cumplimiento futuro del plan de Dios para toda la humanidad. Estos días vitales predicen como y aproximadamente cuando se desplegarán los eventos de los últimos tiempos profetizados en el Antiguo Testamento y Nuevo Testamento.

Comenzaremos nuestro recorrido de los días santos de otoño enfocándonos en el Día de Trompetas—la cual cae en el primer día del séptimo mes (Levítico 23:23-25). Trompetas es el cuarto (o “el de la mitad”) de los siete días santos anuales de Dios, y ciertamente funciona mucho como un fulcro o un “punto de inflexión” en la historia del mundo. ¿Por qué? Porque Trompetas representa la intervención directa y climática de Dios en los asuntos del hombre—llevando directamente al regreso literal de Jesucristo y todos los santos resucitados con Él para establecer el Reino de Dios sobre la tierra—en este mismo día.

Históricamente, Dios requería que los sacerdotes y Levitas tocaran las trompetas de plata como un memorial a lo largo del día de Trompetas (Salmo 81:3; Levítico 23:23-24). Ellos también tocaban cientos de shofares, las cuales eran trompetas hechas de cuernos de carnero, usadas primariamente en tiempo de guerra. Durante tales tiempos, Dios guiaba a Israel a la batalla mientras los sacerdotes llevaban el Arca de Pacto—mientras tocaban trompetas (Josué 6:1-16; Jueces 7:8, 16-18). Si el pueblo había sido obediente a Dios y fiel a Su pacto, Él peleaba por ellos y les daba victoria sobre sus enemigos (Deuteronomio 28:7; Levítico 26:7-8).

Además, guardas que vigilaban las ciudades y villas de Israel debían tocar el shofar si un ataque enemigo era inminente (Ezequiel 33:1-6; Joel 2:1, 15)

 

El Día de Trompetas en el Nuevo Testamento

 

No hay una referencia directa (por nombre) del Día de Trompetas en el Nuevo Testamento. Sin embargo, basados en la estructura cronológica del Evangelio de Juan, podemos conjeturar que la fiesta mencionada en Juan 5:1 fue probablemente el Día de Trompetas. El marco de trabajo de Juan para su Evangelio es: La Pascua, Juan 2; Pentecostés, Juan 4; una fiesta de los judíos, Juan 5; la Pascua, Juan 6; Tabernáculos y Ultimo Gran Día, Juan 7 y 8; y la Pascua, Juan 12-19. Basados en las estaciones, Juan tiene la siguiente secuencia: primavera, otoño, primavera, otoño, y primavera.

Ya que la fiesta en Juan 5:1 fue después de la referencia de Jesús a Pentecostés en Juan 4, debe haber sido una fiesta de otoño. (Si hubiera sido la Fiesta de Tabernáculos, es probable que Juan la hubiera mencionado, como lo hizo en el capítulo siete. Si hubiera sido el Día de Expiación—una fiesta caracterizada por no trabajo en lo absoluto—los judíos habrían sido aún más vehementes contra Jesús por sanar a un hombre y decirle que recogiera su saco de dormir y caminara). Podemos concluir, por lo tanto, que la fiesta mencionada en Juan 5:1 fue probablemente el Día de Trompetas.

El nacimiento de Jesucristo y el Día de Trompetas: Como lo demuestra la Palabra de Dios, Dios siempre ha usado Sus fiestas y días santos para cumplir Su voluntad así como también ciertas profecías mayores. Ya hemos visto que el “tiempo designado” para la muerte de Jesús fue el día de la Pascua en el 30 d.C, el cual Dios había establecido desde “antes de la fundación del mundo.” Pero qué del nacimiento de Jesús—¿fue de igual manera predeterminado desde “antes de la fundación del mundo” para ocurrir en un día particular? ¿Fue ese día un día santo? Y si fue así, ¿qué día santo? ¿Qué revelan las Escrituras y la historia acerca del nacimiento de Jesús?

Pablo confirma que Jesús nació en el tiempo preciso designado por Dios: “Pero cuando el tiempo [designado] del cumplimiento llegó, Dios envió a Su propio Hijo, nacido de una mujer…” (Gálatas 4:4). Esto indica que el tiempo del nacimiento de Jesús fue predeterminado. Mientras los Evangelios no anuncian el día especifico del nacimiento de Jesús, Él nació claramente en un tiempo particular preordenado por Dios para cumplir Su voluntad y plan profético.

Hay una preponderancia de evidencia encontrada en el Nuevo Testamento, los escritos de Josefo, y otras fuentes históricas, así como también información relacionada al Calendario Hebreo Calculado y a eventos astronómicos específicos, de los cuales somos capaces de determinar aproximadamente cuando nació Jesús—tal vez incluso el día exacto. Una crónica de información pertinente documentando cuándo nació Jesús es, infortunadamente, demasiada extensa para ser incluida en este libro. Tales detalles, sin embargo, están cuidadosamente documentados en dos libros: Una armonía de los Evangelios en ingles moderno—La vida de Jesucristo y La Santa Biblia en Su orden original—Una versión fiel con comentario, ambos por Fred R. Coulter. Es suficiente mencionar que la compleja evidencia escritural e histórica compilada sistemáticamente en estos libros apoya el Día de Trompetas en el 5 a.C como la fecha más probable del nacimiento de Jesús. Estos libros pueden ser obtenidos de York Publishing (ver dirección en el frente de este libro) o de www.amazon.com.

El significado profético del Día de Trompetas: El libro de Apocalipsis desvela el significado profético del Día de Trompetas, ya que el libro describe el “día del Señor” descrito en varias profecías del Antiguo Testamento. Estas profecías nos dan muchos detalles referentes al día del Señor—el tiempo de la intervención directa de Dios en los asuntos del hombre, cuando Jesucristo regrese en gloria como Rey de reyes y Señor de señores, para tomar control de este mundo (Apocalipsis 11:15; 19:11-21). La Biblia nos informa que a menudo un día en profecía en un año en cumplimiento real (Números 14:34, Ezequiel 4:6). Isaías 34:8 lo describe como un “día de venganza” y un “año de recompensas.” Por lo tanto, contado de Trompetas a Trompetas, el “día” del Señor es el último año llevando a e incluyendo el regreso de Jesucristo a la tierra.

Este día del Señor venidero es un tiempo de desastre, hambruna, pestilencia y guerra con muerte y destrucción sin paralelo en toda la historia humana. El profeta Jeremías indicó que ultimadamente todas las naciones estarán involucradas en el día del Señor de los últimos tiempos (Jeremías 25:15-17, 26-27). Dios intervendrá poderosamente desde el cielo contra todas las naciones del mundo—ninguna escapará (versos 30-33). De hecho, cuando Jesucristo intervenga poderosamente en este mundo, Él va a sacudir la tierra tan violentamente que será casi dislocada de su órbita (Isaías 13:6-13; también vea Hageo 2:6-7). El profeta Isaías describe el poder asombroso de Dios cuando “se levante para sacudir terriblemente la tierra” y comience a hacerse a Si mismo conocido al mundo. No habrá duda de que tales eventos son de la mano de Dios (vea Isaías 2:10-12, 18-21).

Dios le dio a Daniel una visión de este tiempo, diciendo, “…Y habrá un tiempo de problemas, tal como nunca fue desde que hubo una nación incluso hasta ese tiempo…” (Daniel 12:1). Jesús describió para Sus discípulos un tiempo de tribulación viniendo al final de la era—un tiempo tan devastador y destructivo que si Él no interviniera para limitar esos días, ninguna carne quedaría viva. “Porque entonces habrá gran tribulación, tal como no la ha habido desde el principio del mundo hasta este tiempo, ni la habrá nuevamente. Y si aquellos días no fueran limitados, ninguna carne sería salva; pero por amor a los elegidos aquellos días serán limitados.” (Mateo 24:21-22).

A través de la historia la humanidad ha sufrido grandemente por guerras, hambrunas, pestilencias y desastres naturales. Pero nada se comparará al día del Señor: “El gran día del SEÑOR está cerca; está cerca y viene rápidamente, el sonido del día del SEÑOR. El hombre poderoso llorará amargamente allá. Ese día es un día de ira, un día de problema y angustia, un día de ruina y devastación, un día de oscuridad y penumbra, un día de nubes y gruesa oscuridad, un día del cuerno de carnero y alarma contra las ciudades fortificadas, y contra las torres altas. “Y traeré angustia sobre los hombres, para que caminen como el ciego porque han pecado contra el SEÑOR. Y su sangre será derramada como polvo, y su carne como estiércol.” Ni su plata ni su oro serán capaces de librarlos en el día de la ira del SEÑOR, sino que toda la tierra será devorada por el fuego de Su celo, porque Él hará incluso un fin completo, sí, un fin terrible de todo el que vive sobre la tierra.” (Sofonías 1:14-18).

El libro de Apocalipsis documenta el cumplimiento de tales profecías—describiendo una demostración electrificante de poder cuando Jesucristo intervenga directamente y se manifieste personalmente. La apertura del sexto sello coloca el escenario para que comience el día del Señor: “Y cuando [Jesucristo] abrió el sexto sello, miré, y he aquí, hubo un gran terremoto; y el sol se volvió negro como el pelo de cilicio, y la luna se volvió como sangre; y las estrellas del cielo cayeron a la tierra, como una higuera echa sus últimos higos cuando es sacudida por un viento poderoso. Entonces el cielo se apartó como un rollo de papel que está siendo enrollado, y toda montaña e isla fue sacada de su lugar. Y los reyes de la tierra, y los grandes hombres, y los hombres ricos, y los capitanes jefes, y los hombres poderosos, y todo siervo, y todo hombre libre se escondió a sí mismo en las cuevas y en las rocas de las montañas; y decían a las montañas y a las rocas, “Caigan sobre nosotros, y escóndanos del rostro de Quien se sienta en el trono, y de la ira del Cordero porque el gran día de Su ira ha venido, y ¿Quién tiene el poder de estar de pie?” ” (Apocalipsis 6:12-17).

Trompetas y el Día del Señor: El día del Señor en realidad comienza con la apertura del séptimo sello—en el cual siete ángeles tocan sus trompetas sucesivamente, señalando varias fases de la intervención directa de Dios señalando el último año del gobierno del hombre bajo la influencia de Satanás el diablo. Ultimadamente, este gran “día” llegará a un clímax en una guerra angelical desde el cielo contra los ejércitos unidos de hombres y demonios sobre la tierra.

Juan describe lo que vio en una visión referente a las plagas de las siete trompetas enviadas por Dios en la mano de ángeles: “Entonces vi a los siete ángeles que estaban delante de Dios, y siete trompetas les fueron dadas. Y otro ángel, que tenía un incensario de oro, vino y se paró en el altar; y mucho incienso le fue dado, para que pudiera ofrecerlo con las oraciones de todos los santos sobre el altar de oro que estaba delante del trono. Y el humo del incienso subió delante de Dios de la mano del ángel, subiendo con las oraciones de los santos. Y el ángel tomó el incensario, y lo llenó con fuego del altar, y lo echó a la tierra; y hubo voces, y truenos, y relámpagos, y un terremoto. Entonces los siete ángeles quienes tenían las siete trompetas se prepararon a sí mismos para tocar sus trompetas. Y el primer ángel tocó su trompeta; y hubo granizo y fuego mezclado con sangre, y fue echado sobre la tierra; y un tercio de los árboles fueron quemados, y todo pasto verde fue quemado. Entonces el segundo ángel tocó su trompeta; y fue echado en el mar como una gran montaña ardiendo con fuego, y un tercio del mar se convirtió en sangre; y un tercio de las criaturas vivientes que estaban en el mar murió, y un tercio de los barcos fueron destruidos. Y el tercer ángel tocó su trompeta; y cayó del cielo una gran estrella, ardiendo como una lámpara; y cayó sobre un tercio de los ríos, y sobre las fuentes de aguas. Y el nombre de la estrella es Ajenjo; y un tercio de las aguas se convirtieron en ajenjo; y muchos hombres murieron de beber las aguas porque fueron hechas amargas. Luego el cuarto ángel tocó su trompeta; y un tercio del sol fue herido, y un tercio de la luna, y un tercio de las estrellas; para que un tercio de ellas fueran oscurecidas; y una tercera parte del día no brilló, y asimismo una tercera parte de la noche. Y miré, y oí a un ángel volando en medio del cielo, diciendo con gran voz, “Ay, ay, ay de aquellos que están viviendo sobre la tierra, por causa de las voces de las trompetas que quedan de los tres ángeles que están a punto de tocar sus trompetas.” ” (Apocalipsis 8:2-13).

Cuando el quinto angel toque su trompeta, hordas de demonios serán liberados de un abismo para unirse a los ejércitos humanos usando armas futuristas: “Y el quinto ángel tocó su trompeta; y vi una estrella que había caído del cielo a la tierra, y le fue dada la llave para el abismo sin fondo. Y abrió el abismo sin fondo [para liberar a los demonios en prisión]; y allí subió humo del pozo, como el humo de un gran horno; y el sol y el aire fueron oscurecidos por el humo del pozo. Entonces langostas [demonios] salieron a la tierra desde el humo; y poder les fue dado, como los escorpiones de la tierra tienen poder. Y les fue dicho que no deberían dañar el pasto de la tierra, o ninguna cosa verde, o ningún árbol, sino solo a los hombres que no tenían el sello de Dios en sus frentes. Y les fue dado que no deberían matarlos, sino que deberían ser atormentados cinco meses; y su tomento era como el tormento de un escorpión cuando pica a un hombre. Y en aquellos días los hombres buscarán la muerte pero no la encontrarán; y desearán morir, pero la muerte huirá de ellos. Y la apariencia de las langostas era como caballos preparados para la guerra; y sobre sus cabezas habían coronas como aquellas de oro; y sus caras eran como las caras de hombres; y tenían cabello como el cabello de las mujeres; y sus dientes eran como aquellos de leones. Y tenían corazas como corazas de hierro; y el sonido de sus alas era como el sonido de carruajes tirados por muchos caballos corriendo para la guerra; y tenían colas como escorpiones, y aguijones; y les fue dado poder para herir a los hombres con sus colas por cinco meses. Y tienen sobre ellos un rey, el ángel del abismo; su nombre en hebreo es Abadón, pero el nombre que él tiene en griego es Apolión [Satanás el diablo]. El primer Ay pasó. He aquí, después de estas cosas dos Ay más están todavía por venir.” (Apocalipsis 9:1-12). Juan sin duda esta gráficamente describiendo armas futuristas a ser usadas por los ejércitos humanos y los demonios. La quinta trompeta representa el ataque agresivo de la “bestia” profética de Apocalipsis 13 contra las naciones al norte y oriente de Jerusalén. (Daniel 11:44).

Después de cinco meses, una coalición de reyes del oriente tomará represalias contra la “bestia” con el ejército más grande en la historia del mundo. Esta fuerza masiva de 200 millones de hombres estará armada con armas poderosas y sofisticadas—y respaldadas por las fuerzas sobrenaturales de las hordas de demonios: “Y el sexto ángel tocó su trompeta; y oí una voz desde los cuatro cuernos del altar de oro que está delante de Dios; que dijo al sexto ángel, quien tenía la trompeta, “Libera los cuatro ángeles que están atados en el gran río Éufrates.” Entonces los cuatro ángeles, quienes habían estado preparados para la hora y el día y el mes y el año, fueron liberados, para que pudieran matar a un tercio de los hombres; y el número de los ejércitos de los jinetes era doscientos millones; y oí el número de ellos. Y así vi los caballos en la visión, y a aquellos sentándose sobre ellos, que tenían feroces corazas, incluso como de jacinto y azufre. Y las cabezas de los caballos eran como cabezas de leones, y fuego y humo y azufre disparan de sus bocas. Por estos tres, un tercio de los hombres fueron muertos: por el fuego y el humo y el azufre que disparan de sus bocas. Porque su poder está en sus bocas; porque sus colas son como serpientes, y tienen cabezas, y con ellas infligen heridas. Pero el resto de los hombres que no fueron muertos por estas plagas aún no se arrepintieron de las obras de sus manos, para que no pudieran adorar demonios, e ídolos de oro y plata y cobre y piedra y madera, los cuales no tienen el poder para ver, ni oír, ni caminar. Y no se arrepintieron de sus homicidios, ni de sus hechicerías, ni de sus fornicaciones, ni de sus robos.” (Apocalipsis 9:13-21).

El profeta Joel describe esta batalla que tiene lugar entre los ejércitos de la quinta y sexta trompeta: “¡Toquen el cuerno de carnero en Zion, y suenen una alarma en Mi Santo monte! Todos los habitantes de la tierra tiemblen, porque el día del Señor viene, porque está cerca, a la mano—un día de oscuridad y de penumbra, un día de nubes y de densa oscuridad. Como la mañana es dispersada tras las montañas, así viene un gran pueblo y un pueblo poderoso, nunca ha habido otro igual, ni nunca lo habrá otra vez, ni aun en los años de muchas generaciones. Un fuego devora delante de ellos, y detrás de ellos una llama arde. La tierra es como el Jardín del Edén delante de ellos, y detrás de ellos un lugar desolado—y nada se les escapará. Su apariencia es como la apariencia de caballos; y como caballos de guerra, así corren. Saltarán con el ruido de los carruajes sobre las cimas de las montañas, con el ruido de una llama de fuego que devora el rastrojo, como gente poderosa colocada en la fila de batalla. En su presencia la gente temblará grandemente; todas las caras palidecerán. Correrán como hombres poderosos. Escalarán el muro como hombres de guerra, y marcharán cada uno en su camino, y no romperán sus alineaciones. Y cada uno no se agolpará al otro; irán cada uno en su propio camino. Y cuando caigan sobre la espada, no serán heridos. Correrán de aquí para allá en la ciudad; correrán sobre el muro; escalarán sobre las casas; entrarán por las ventanas como un ladrón. La tierra se estremecerá delante de ellos; los cielos temblarán. El sol y la luna se oscurecerán, y las estrellas retirarán su brillo. Y el SEÑOR pronunciará Su voz delante de Su ejército; porque Su campamento es extremadamente grande; porque poderoso es Él quien ejecuta Su Palabra, porque el día del SEÑOR es grande y muy terrible; y ¿Quién puede soportarlo?” (Joel 2:1-11).

Estas guerras de destrucción vasta cubrirán todo el Medio Oriente—así como también se extenderá desde la silla occidental de la “bestia” hasta la tierra del Lejano Oriente, el origen de los reyes del oriente. Una vez estos ejércitos hayan peleado hasta parar, el séptimo angel toca su trompeta, y la primera resurrección tiene lugar en Pentecostés (Apocalipsis 11:15-19).

El tiempo de Pentecostés a Trompetas es aproximadamente cuatro meses. Durante este tiempo, otros siete ángeles derramarán las últimas siete plagas. La última, la séptima plaga culminará en la batalla de Armagedón. Esta guerra colosal que termina las guerras opondrá a Dios y Sus ángeles contra la “bestia,” el “falso profeta,” y los ejércitos de todas las naciones del mundo—así como también contra Satanás mismo, con sus demonios: “Y después de estas cosas miré, y he aquí, el templo del tabernáculo del testimonio en el cielo estaba abierto. Y los siete ángeles que tenían las últimas siete plagas salieron del templo; estaban vestidos de lino, puro y brillante, y ceñidos alrededor del pecho con corazas de oro. Y una de las cuatro criaturas vivientes le dio a los siete ángeles siete frascos de oro, llenos de la ira de Dios, Quien vive en los siglos de eternidad. Y el templo estaba lleno con el humo de la gloria de Dios, y de Su poder; y nadie fue capaz de entrar en el templo hasta que las siete plagas de los siete ángeles fueron cumplidas.” (Apocalipsis 15:5-8).

Entonces escuché una gran voz desde el templo decir a los siete ángeles, “Vayan y derramen los frascos de la ira de Dios sobre la tierra.” Y el primer ángel fue y derramó su frasco sobre la tierra; y una llaga maligna y dolorosa cayó sobre los hombres que tenían la marca de la bestia, y sobre aquellos que estaban adorando su imagen. Y el segundo ángel fue y derramó su frasco en el mar; y este se volvió sangre, como la de un hombre muerto; y toda alma viva en el mar murió. Y el tercer ángel derramó su frasco sobre los ríos, y en las fuentes de aguas; y se convirtieron en sangre. Entonces escuché al ángel de las aguas decir, “Eres justo, Oh Señor, Quien eres, y Quien era, incluso el Santo, en que has ejecutado este juicio. Porque han derramado la sangre de santos y de profetas, y les has dado sangre para beber; porque lo merecen.” Y escuché otra voz desde el altar decir, “Sí, Señor Dios Todopoderoso, verdaderos y justos son Tus juicios.” Y el cuarto ángel derramó su frasco sobre el sol; y poder le fue dado para quemar a los hombres con fuego. Entonces los hombres fueron quemados con el gran calor; y blasfemaron el nombre de Dios, Quien tiene autoridad sobre estas plagas, y no se arrepintieron para darle gloria. Y el quinto ángel derramó su frasco sobre el trono de la bestia; y su reino se llenó de oscuridad; y ellos carcomían sus lenguas por el dolor, y blasfemaron al Dios del cielo por sus dolores y sus llagas; aun así no se arrepintieron de sus obras. Y el sexto ángel derramó su frasco en el gran río Éufrates; y sus aguas se secaron para que el camino de los reyes del levantamiento del sol pudiera estar preparado. Entonces vi tres espíritus impuros como ranas salir de la boca del dragón, y de la boca de la bestia, y de la boca del falso profeta; porque son espíritus de demonios obrando milagros, saliendo a los reyes de la tierra, incluso al mundo entero, para reunirlos a la batalla de ese gran día del Dios Todopoderoso. He aquí, vengo como un ladrón. Bendito es aquel que está vigilando y guardando sus vestidos, para que no pueda andar desnudo y ellos no puedan ver su vergüenza. Y los reunió en el lugar que en hebreo es llamado Armagedón. Entonces el séptimo ángel derramó su frasco al aire; y una gran voz salió del templo del cielo, desde el trono, diciendo, “ESTA TERMINADO.” Y hubo voces y truenos y relámpagos; y hubo un gran terremoto, tal como no lo hubo desde que el hombre estuvo en la tierra, tan poderoso terremoto, y tan grande. Y la gran ciudad fue dividida en tres partes; y las ciudades de las naciones cayeron; y Babilonia la grande fue recordada delante de Dios para darle la copa del vino de la furia de Su ira. Y toda isla desapareció, y las montañas no fueron encontradas; y gran granizo, cada piedra del peso de un talento [180 lb], cayó desde el cielo sobre los hombres; y los hombres blasfemaron a Dios por la plaga del granizo, porque la plaga fue extremadamente grande.” (Apocalipsis 16:1-21).

Después que la última de las siete plagas ha sido derramada, Jesús y los santos resucitados descenderán a la tierra desde el mar de vidrio en una batalla final contra la bestia, el falso profeta y sus ejércitos. Cuando ellos estén descendiendo a la tierra con claridad y un solo propósito en el Día de Trompetas, los siete ángeles continuarán tocando las trompetas de Dios poderosamente para que toda la tierra las oiga. “Y vi a la bestia y a los reyes de la tierra y a sus ejércitos, reunidos para hacer guerra contra Quien se sienta sobre el caballo, y contra Su ejército. Y la bestia fue tomada, y con él el falso profeta quien obraba milagros en su presencia, por los cuales había engañado a aquellos que recibieron la marca de la bestia y a aquellos que adoraron su imagen. Esos dos fueron echados vivos dentro del lago de fuego, el cual quema con azufre; y el resto fue muerto por la espada de Quien se sienta sobre el caballo, la misma espada que sale de Su boca; y todas las aves fueron llenas con sus carnes.” (Apocalipsis 19:19-21).

La profecía de esta batalla climática—representada por el Día de Trompetas—se encuentra en Zacarías: “Y el SEÑOR saldrá y peleará contra aquellas naciones, como cuando Él peleó en el día de batalla. Y Sus pies se pararán en ese día sobre el Monte de los Olivos el cual está delante de Jerusalén al oriente, y el Monte de los Olivos se partirá en dos, desde el oriente y hasta el occidente, y se hará un valle muy grande. Y la mitad de la montaña se moverá hacia el norte, y la mitad de ella hacia el sur… Y el SEÑOR mi Dios vendrá, y todos los santos Contigo… Y el SEÑOR será Rey sobre toda la tierra; en ese día habrá un SEÑOR, y Su nombre será uno… Y esta será la plaga con la cual el SEÑOR herirá a toda la gente que ha peleado contra Jerusalén. Su carne se consumirá mientras estén parados sobre sus pies, y sus ojos se consumirán en sus cuencas. Y su lengua se consumirá en sus bocas.” (Zacarías 14:3-5, 9, 12). Así termina la batalla de Armagedón.

Esta visión general resume el significado profético del Día de Trompetas, con un enfoque en su cumplimiento final cuando Jesucristo y todos los santos regresen a la tierra. Hay muchas otras profecías en la Biblia que magnifican el significado de este “día del Señor” esencial—el fulcro o “punto de inflexión” en la historia de la humanidad. Se anima al lector a estudiar a profundidad la Palabra de Dios—Antiguo Testamento y Nuevo Testamento—para un entendimiento más completo de estos eventos. El tiempo está a la mano. Los eventos proféticos de los últimos días y el regreso de Jesucristo están cerca.

 

El Día de Expiación

 

El décimo día del séptimo mes es el Día de Expiación. Es un día de ayuno especial—sin comida o bebida durante todo el día—contado de ocaso a ocaso (Levítico 23:26-32). Como está registrado en Levítico 16, sacrificios especiales eran ofrecidos en Expiación.

En el Antiguo Testamento, en este día, se requería que el sumo sacerdote primero hiciera sacrificios especiales por sí mismo y por su casa. Expiación era el único día del año en que al sumo sacerdote se le permitía entrar en el “santo de santos”—acceder a la “silla de misericordia,” un prototipo del trono de Dios en el cielo (Hebreos 9:24). (La silla de misericordia es también conocida como el “Arca del Pacto,” ya que contenía las tabletas de piedra.) Así, él entraba al santo de santos y rociaba ceremonialmente la sangre de un becerro sobre la silla de misericordia para hacer una “expiación” por sí mismo y su familia. Habiendo hecho eso, se le permitía entonces desempeñar los sacrificios de “expiación” por el pueblo de Israel.

Luego, él presentaba dos cabros idénticos vivos delante del Señor y echaba suertes en donde Dios mismo seleccionaba un cabro para la ofrenda por el pecado y el otro por Azazel (“chivo expiatorio”; Reina Valera, “macho cabrío”).

El cabro para la ofrenda por el pecado era entonces sacrificado y su sangre rociada sobre la silla de misericordia para hacer expiación por todos los pecados, transgresiones e impurezas de los hijos de Israel. El cabro por Azazel no era sacrificado, sino que era presentado vivo delante del Señor. El sacerdote colocaba sus manos sobre la cabeza del cabro vivo, confesando sobre el todas las iniquidades y transgresiones de Israel. Finalmente, el cabro era llevado por la mano de un hombre apto al lugar desolado y liberado.

El significado del cabro sacrificado por el pecado en el Nuevo Testamento: El significado simbólico de este ritual único involucrando dos cabros no pudo ser completamente entendido sino hasta que el apóstol Juan hubo escrito el libro de Apocalipsis y canonizado el Nuevo Testamento. Con los libros de Hebreos y Apocalipsis, sin embargo, el significado llega a ser claro. Es generalmente reconocido que el sacrificio del primer cabro y el rociamiento de su sangre sobre la silla de misericordia eran simbólicos del sacrificio y derramamiento de la sangre de Jesucristo por el pecado. El sumo sacerdote representaba a Jesucristo mismo, nuestro Sumo Sacerdote. En el libro de Hebreos, el apóstol Pablo da una interpretación del cabro expiatorio sacrificado por el pecado, y el sumo sacerdote de Levítico 16: “Pero Cristo mismo se ha convertido en Sumo Sacerdote de las buenas cosas venideras, a través de un tabernáculo más grande y perfecto, no hecho por manos humanas (esto es, no de esta creación física presente). No por la sangre de machos cabríos y terneros, sino por los medios de Su propia sangre, Él entró una vez por todas en el santísimo [santo de santos], habiendo por Sí mismo asegurado redención eterna para nosotros… Pero ahora, una vez y por todas, en la terminación de las eras, Él ha sido manifestado para el propósito de remover el pecado a través de Su sacrificio de Sí mismo.” (Hebreos 9:11-12, 26).

Pablo añade que, no como el propósito temporal del cabro sacrificado, el sacrificio de Cristo es una vez para todo tiempo, y así reemplaza todos los rituales y sacrificios del templo: “Porque la ley, teniendo solo una sombra de las buenas cosas que vienen, y no la imagen de aquellas cosas, con los mismos sacrificios los cuales se ofrecen continuamente año tras año, nunca es capaz de hacer perfectos a aquellos que vienen a adorar… Porque es imposible por la sangre de toros y machos cabríos quitar pecados… Entonces Él dijo, “He aquí, Yo vengo para hacer Tu voluntad, Oh Dios.” Él quita el primer pacto para poder establecer el segundo pacto; por cuya voluntad somos santificados a través de la ofrenda del cuerpo de Jesucristo una vez por todas… Pero Él, después de ofrecer un sacrificio por el pecado para siempre, se sentó a la mano derecha de Dios. Desde ese tiempo, está esperando hasta que Sus enemigos sean colocados como taburete para Sus pies. Porque por una ofrenda Él ha obtenido perfección eterna para aquellos que son santificados.” (Hebreos 10:1, 4, 9-10, 12-14).

 El significado del cabro por Azazel: Primero, necesitamos darnos cuenta que “Azazel” es otro nombre para Satanás el diablo. Comenzando con Adán y Eva hasta este día, Satanás y sus demonios han guiado a todos los seres humanos al pecado.  Él es un mentiroso y el autor del pecado (Juan 8:44), así como también el “dios de este mundo” (II Corintios 4:4). Aunque es a través del sacrificio de Jesucristo que tenemos nuestros pecados perdonados, Satanás, como el originador del pecado, debe ser removido para cumplir el plan de Dios para la humanidad. A través de Su muerte sacrificial y Su resurrección, el Jesucristo vivo ha triunfado sobre Satanás, sus demonios y su poder: “Tras despojar los principados y los poderes, Él hizo un espectáculo público de ellos, y ha triunfado sobre ellos en eso [es decir, a través de Su vida, muerte y resurrección].” (Colosenses 2:15).

Claramente, en la cruz, Jesús triunfo sobre Satanás y los demonios—pero ellos no han sido aún removidos. Hasta que ellos sean quitados y prevenidos de influenciar y engañar a los seres humanos, nunca habrá un fin al pecado humano (Apocalipsis 12:9; Efesios 2:1-3; 6:10-17). Porque Satanás es el autor de todo pecado, el sumo sacerdote debía confesar los pecados de los hijos de Israel sobre la cabeza del cabro vivo, Azazel. El cabro Azazel no era sacrificado porque Satanás y los demonios son seres espirituales y no pueden morir. Más bien, ellos deben llevar sus propios pecados, porque no hay expiación para ellos.

El libro de Apocalipsis completa la escena—mostrando que la remoción del cabro vivo al lugar desolado por la mano de un hombre apto simboliza la remoción de Satanás el diablo justo antes del establecimiento del Reino de Dios sobre la tierra: “Entonces vi un ángel [simbolizado por el hombre apto de Levítico 16] descendiendo del cielo, teniendo la llave del abismo, y una gran cadena en su mano. Y cogió al dragón, la serpiente antigua, que es el diablo y Satanás, y lo ató por mil años. Luego lo echó en el abismo [simbolizado por el lugar desolado de Levítico 16], y lo encerró, y selló el abismo sobre él, para que no pudiera engañar más a las naciones hasta que los mil años fueran cumplidos; y después de eso es ordenado que sea soltado por un corto tiempo.” (Apocalipsis 20:1-3).

Durante la generación final del Milenio, Dios exiliará a los malvados incorregibles—aquellos que rehúsan Su salvación—al área geográfica de Gog y Magog. Al término del Milenio, Satanás y sus demonios son liberados del abismo por un corto tiempo—con una última misión: salir a engañar al malvado a reunirse para pelear contra Jerusalén. Cuando ellos ataquen la ciudad santa, sin embargo, fuego de Dios baja del cielo y los consume—la cual es su primera muerte (versos 7-9).

El juicio final y la segunda muerte de todos los malvados incorregibles desde la creación de Adán y Eva tendrá lugar en un tiempo posterior (Apocalipsis 20:14-15).

El ultimo cumplimiento del Día de Expiación incluirá el juicio final de Satanás y los demonios: “Y el diablo, quien los engañaba, fue echado en el lago de fuego y azufre, donde la bestia y el falso profeta habían sido echados; y ellos, Satanás y los demonios, serán atormentados día y noche en la eras de eternidad.” (Apocalipsis 20:10).

Mientras Satanás y los demonios serán atormentados día y noche para siempre, aparentemente el lago de fuego no continuará por toda la eternidad. Más bien, su tormento será vivir en la oscuridad más negra para siempre: “Son nubes sin agua [el malvado incorregible], siendo llevadas por los vientos; árboles de otoño tardío, sin ningún fruto, desarraigados, dos veces muertos [la segunda muerte en el lago de fuego]; olas furiosas del mar, lanzando como espuma su propia vergüenza; estrellas errantes [Satanás y los ángeles caídos], ¡para quienes ha sido reservada la más negra oscuridad para siempre!” (Judas 12-13).

Llegando a ser “Uno” con Dios: Un entendimiento del término “atonement (ingles)- expiación (español)) lleva a un significado espiritual más profundo del Día de Expiación para los verdaderos Cristianos. La palabra está compuesta de tres partes—“at-one-ment”—es decir, “ser uno con Dios.” Cuando ayunamos (sin comida ni agua), llegamos a estar extremadamente conscientes de cuan absolutamente dependientes somos de Dios para la vida, la respiración, la comida y el agua. Nos damos cuenta que Dios creó todo para sostener nuestras vidas físicas temporales, las cuales están sujetas a muerte. Entendemos que no tenemos capacidad dentro de nosotros mismos de vivir para siempre. El regalo de la vida eterna puede únicamente venir de Dios el Padre a través de Jesucristo—por Su amor, gracia y misericordia.

Durante uno de los ayunos de David, él escribió estas palabras conmovedoras, describiendo como deseaba ser uno con Dios: “Mi alma anhela, sí, incluso se desmaya por los patios del SEÑOR; mi corazón y mi carne gritan por el Dios vivo… Oh, Dios, Tú eres mi Dios, ¡fervientemente Te buscaré! Mi alma está sedienta por Ti. Mi carne anhela por Ti, como en una tierra seca y sedienta donde no hay agua, para ver Tu poder y Tu gloriacomo Te he visto en el santuario. Porque Tu misericordia es mejor que la vida, mis labios Te alabarán.  Así Te bendeciré en tanto que viva; levantaré mis manos en Tu nombre. Mi alma estará satisfecha como con medula y grosura; y mi boca Te alabará con labios gozosos cuando Te recuerde sobre mi cama y medite en Ti en las vigilias nocturnas. Porque Tú has sido mi ayuda, por tanto en la sombra de Tus alas me alegraré. Mi alma sigue duro tras de Ti; Tu mano derecha me sostiene.” (Salmo 84:2; 63:1-8).

Cuando Jesús enfrentó la agonía de Su tortura y crucifixión, Él tuvo Su mente fija en la promesa del Padre de que Su carne no vería corrupción—que Él sería resucitado de regreso a vida eterna y estaría con el Padre una vez más: “He colocado al SEÑOR siempre delante de Mí porque Él está a Mi derecha, no seré movido. Por tanto Mi corazón está contento, y Mi gloria se regocija; Mi carne también descansará a salvo, porque no abandonarás Mi alma en la tumba; ni permitirás a Tu Santo ver corrupción. Me harás conocido el camino de vida; en Tu presencia está la plenitud de gozo. A Tu mano derecha están los placeres para siempre jamás… En cuanto a mí, veré Tu cara en justicia; estaré satisfecho, cuando despierte, a Tu semejanza.” (Salmo 16:8-11; 17:15).

En la oración apasionada y agonizante de Jesús al Padre justo antes de ser traicionado por Judas Iscariote, Él personificó todo el propósito de Dios para todos quienes recibirán vida eterna y serán uno con Dios el Padre y Él mismo en la primera resurrección: “Jesús habló estas palabras, y levantó Sus ojos al cielo y dijo, “Padre, la hora ha llegado; glorifica a Tu propio Hijo, para que Tu Hijo también pueda glorificarte; ya que le has dado autoridad sobre toda carne, para que pueda dar vida eterna a todos aquellos que le has dado. Porque esto es vida eterna, que ellos puedan conocerte, el único verdadero Dios, y a Jesucristo, a Quien Tú enviaste. Te he glorificado en la tierra. He acabado la obra que Me diste para hacer. Y ahora, Padre, glorifícame con Tu propio ser, con la gloria que tuve Contigo antes que el mundo existiera. He manifestado Tu nombre a los hombres que me has dado del mundo. Ellos eran Tuyos, y Me los has dado, y han guardado Tu Palabra. Ahora ellos han conocido que todas las cosas que Me has dado son Tuyas. Porque les he dado las palabras que Me diste; y las han recibido; y verdaderamente han conocido que vine de Ti; y han creído que Me enviaste. Estoy orando por ellos; no estoy orando por el mundo, sino por aquellos que Me has dado, porque son Tuyos. Todos los Míos son Tuyos, y todos los Tuyos son Míos; y he sido glorificado en ellos. Y ya no estoy más en el mundo, pero éstos están en el mundo, y Yo vengo a Ti. Padre Santo, guárdalos en Tú nombre, aquellos que Me has dado, para que puedan ser uno, así como Nosotros somos uno. Cuando estaba con ellos en el mundo, Yo los guardé en Tu nombre. Protegí aquellos que Me has dado, y ninguno de ellos ha muerto excepto el hijo de perdición, para que las escrituras pudieran ser cumplidas. Pero ahora vengo a Ti; y estas cosas estoy hablando mientras aún en el mundo, para que puedan tener Mi gozo cumplido en ellos. Les he dado Tus palabras, y el mundo los ha odiado porque no son del mundo, así como Yo no soy del mundo. No oro que los saques del mundo, sino que los guardes del maligno. No son del mundo, así como Yo no soy del mundo. Santifícalos en Tú verdad; Tu Palabra es la verdad. Así como Me enviaste al mundo, Yo también los he enviado al mundo. Y por su amor Me santifico a Mí mismo, para que también puedan ser santificados en verdad. No oro por éstos solamente, sino también por aquellos que creerán en Mí a través de su palabra; que todos ellos puedan ser uno; así como Tú, Padre, estás en Mí, y Yo en Ti; que ellos también puedan ser uno en Nosotros, para que el mundo pueda creer que Tú sí Me enviaste. Y Yo les he dado la gloria que Me diste, para que puedan ser uno, en la misma forma que Nosotros somos uno: Yo en ellos, y Tú en Mí, para que puedan ser perfeccionados en uno; y que el mundo pueda saber que Tú sí me enviaste, y que los has amado como Me has amado. Padre, deseo que aquellos que Me has dado, también puedan estar Conmigo donde Yo esté, para que puedan ver Mi gloria, la cual Me has dado; porque Me amaste antes de la fundación del mundo. Padre justo, el mundo no Te ha conocido; pero Yo Te he conocido, y éstos han sabido que Tú sí Me enviaste. Y les he hecho conocer Tu nombre, y lo haré conocido; para que el amor con el cual Me has amado esté en ellos, y Yo en ellos.” ”  (Juan 17:1-26).

En esta oración hermosa y amorosa, Jesús comienza a revelar lo que significa verdaderamente ser “uno” con Dios y Jesucristo por toda la eternidad. En el último capítulo de Apocalipsis, el apóstol Juan vio una visión de cómo todos aquellos quienes recibirán vida eterna serán “uno” con el Padre y Jesucristo por toda la eternidad en la Nueva Jerusalén: “Y en medio de la calle, y de este lado y ese lado del río, estaba el árbol de vida, produciendo doce clases de frutos, cada mes rindiendo su fruto; y las hojas del árbol son para la sanidad de las naciones. Y no habrá más maldición; y el trono de Dios y del Cordero estará en ella [la Nueva Jerusalén]; y Sus siervos le servirán, Y ellos verán Su cara; y Su nombre estará en sus frentes. Y no habrá noche allí; porque ellos no tienen necesidad de una lámpara o de la luz del sol, porque el Señor Dios los ilumina; y ellos reinarán en las eras de eternidad. Y me dijo, “Estas palabras son fieles y verdaderas; y el Señor Dios de los santos profetas envió Su ángel para mostrar a Sus siervos las cosas que deben pasar prontamente. He aquí, Yo vengo prontamente. Bendito es aquel que guarda las palabras de la profecía de este libro.” ” (Apocalipsis 22:3-7).

Este es el glorioso significado del Día de Expiación para todos los verdaderos Cristianos quienes aman y obedecen a Dios el Padre y Jesucristo. Observar este día de ayuno especial en espíritu y en verdad nos trae a la realidad asombrosa de ser “uno con Dios.”

 

La Fiesta de Tabernáculos

 

La Fiesta de Tabernáculos es un festival de siete días comenzando el día quince y continuando hasta el día veintiuno del séptimo mes (Levítico 23:34). También llamada la “Fiesta de Cabañas,” este festival celebra la cosecha completada de todas las bendiciones abundantes de Dios (Éxodo 23:16; 34:22). Adicionalmente, Dios le ordenó a los hijos de Israel vivir en cabinas por los siete días de la fiesta para recordarles que vivieron en cabinas, o carpas, cuando Dios los sacó de la tierra de Egipto (Levítico 23:39-43).

Esta fiesta también conmemora a Dios mismo viviendo con Israel al colocar Su presencia en el tabernáculo (Éxodo 25:8) y más tarde en el templo (II Crónicas 5:11-14). Para Israel, esta fiesta también representaba el tiempo cuando Dios les había dado descanso de sus enemigos después de ellos establecerse en la Tierra Prometida durante el tiempo de Josué (Josué 21:43-44).

El cumplimiento primario en el Antiguo Testamento de la Fiesta de Tabernáculos ocurrió durante el reinado de Salomón cuando las doce tribus de los hijos de Israel fueron establecidas en el reino. En ese tiempo, ellos celebraron una fiesta de siete días para dedicar el templo, después de la cual celebraron la Fiesta de Tabernáculos (II Crónicas 7:8-11). Por un tiempo breve, Israel fue la nación modelo que Dios quiso que fuera, representándolo a todo el mundo. Así, ellos estaban en la Tierra Prometida, tenían descanso de sus enemigos, además de las abundantes bendiciones de Dios; y Él estaba viviendo entre ellos con Su presencia en el templo—todo un prototipo del venidero Reino de Dios bajo Jesucristo.

El Nuevo Testamento es la clave para entender: Cuando Jesús apareció primero a los discípulos después de Su resurrección, Él les dio un discernimiento claro de las Escrituras: “Y les dijo, “Estas son las palabras que les hablé cuando estaba aun con ustedes, que todas las cosas que fueron escritas concerniente a Mí en la Ley de Moisés y en los Profetas y en los Salmos deben ser cumplidas.” Entonces les abrió sus mentes para entender las Escrituras,” (Lucas 24:44-45).

Del registro de Lucas, reconocemos que Jesús es el único que desbloquea los significados escondidos de las enseñanzas y profecías del Antiguo Testamento. Después de todo, como Dios del Antiguo Testamento, Cristo fue Aquel quien inspiró a los escritores del Antiguo Testamento; Él también fue Aquel quien inspiró a los apóstoles a escribir las palabras del Nuevo Testamento (II Timoteo 3:15-17). Así, el Nuevo Testamento interpreta el Antiguo Testamento.

De la misma manera, es el Nuevo Testamento el que interpreta el significado de todas las fiestas y Día Santos de Dios—proveyendo percepción dentro del poco entendido plan de Dios (Efesios 1:8-10; 3:1-5), y abriendo nuestro entendimiento de la Palabra de Dios.

Lo que sigue es un pequeño resumen de la Fiesta de Tabernáculos, vista a través de la perspectiva del Nuevo Testamento.

El significado de la Fiesta de Tabernáculos en el Nuevo Testamento: Las Escrituras enseñan que la Fiesta de Tabernáculos tuvo un significado especial para Jesucristo durante Su vida en la carne—porque Él era literalmente Dios en un “tabernáculo” humano, viviendo con hombres. El apóstol Juan autentica concisamente quien era Jesús, y por qué Él vino en la carne: “En el principio era la Palabra, y la Palabra estaba con Dios, y la Palabra era Dios. Él estaba en el principio con Dios. Todas las cosas vinieron a ser a través de Él, y ni siquiera una cosa que fue creada vino a ser sin Él… Y la Palabra se hizo carne, e hizo tabernáculo entre nosotros (y nosotros mismos vimos Su gloria, la gloria como del único engendrado con el Padre), lleno de gracia y verdad… Al siguiente día, Juan ve a Jesús viniendo a él, y dijo, "He aquí el Cordero de Dios, Quien quita el pecado del mundo.” (Juan 1:1-3, 14, 29).

En el capítulo siete de Juan, encontramos a Jesús preparándose para guardar la Fiesta de Tabernáculos en Jerusalén. En ese tiempo, porque los judíos buscaban matarlo, Él instruyó a Su madre y hermanos a ir antes que Él a Jerusalén. Así, Jesús viajó en secreto, y no reveló Su presencia sino hasta la mitad de la Fiesta cuando comenzó a enseñarle a la gente. En esta ocasión, Él reveló la verdad profunda de que todas Sus enseñanzas eran del Padre: “Pero luego, aproximadamente a la mitad de la fiesta, Jesús subió al templo y estuvo enseñando. Y los judíos estaban asombrados, diciendo, ¿Cómo sabe este hombre letras, nunca habiendo sido escolarizado?” Jesús les respondió y dijo, “Mi doctrina no es Mía, sino de Quien Me envió. Si cualquiera desea hacer Su voluntad, sabrá de la doctrina, si es de Dios, o si hablo de Mi propio ser. Aquel que habla de sí mismo está buscando su propia gloria; pero Quien busca la gloria de Quien lo envió es verdad, y no hay injusticia en Él.” (Juan 7:14-18).

Jesús enfatizó que Él había venido de Dios el Padre en el cielo:Entonces Jesús habló claro, enseñando en el templo y diciendo, “Ustedes Me conocen, y también saben de dónde vengo; pero Quien Me envió es verdadero, a Quien ustedes no conocen. Pero Yo lo conozco porque soy de Él, y Él Me envió.” Por este dicho, ellos estaban buscando una forma de cogerlo; pero nadie colocó una mano sobre Él porque Su tiempo no había llegado aún. Entonces mucha de la gente creyó en Él, diciendo, “Cuando venga el Cristo, ¿Hará más milagros que aquellos que este Hombre ha hecho?” Los Fariseos oyeron a las multitudes debatiendo estas cosas acerca de Él, y los Fariseos y los sacerdotes jefe enviaron oficiales a arrestarlo.” (versos 28-32).

Siguiendo este encuentro con los judíos y fariseos, Jesús declaró que Él estaría con ellos únicamente un poco más de tiempo, confirmando que Él estaba “haciendo tabernáculo” entre ellos. “Entonces Jesús les dijo, “Estoy con ustedes aun un poco de tiempo, y luego voy a Quien Me envió. Ustedes Me buscarán, pero no Me encontrarán; y a donde estoy yendo, ustedes no son capaces de venir.” ” (versos 33-34).

Como le dijo Jesús a los judíos durante la Fiesta de Tabernáculos, Él era Dios “manifestado en la carne” (I Timoteo 3:16)—viviendo temporalmente entre los hombres (o como escribió Juan, Él “hizo tabernáculo entre nosotros”), enseñando la Palabra de Dios, y ultimadamente destinado a dar Su vida para salvar a la humanidad del pecado y de Satanás. Luego, después de Su resurrección Él regresaría al Padre en el cielo.

Como el Señor Dios del Antiguo Testamento, Jesús creó a Adán y Eva, y ellos vivieron en el Jardín del Edén con Él. Después que ellos pecaron, sin embargo, fueron expulsados de Su presencia y ya no se les permitió más vivir con Él. Luego, Dios vivió entre los hijos de Israel al colocar Su presencia en el santo de santos en el tabernáculo o templo. Al final, sin embargo, eso también probó ser impracticable, ya que los templos fueron todos destruidos por causa del pecado.

Pero desde Pentecostés, 30 d.C, Dios ha comenzado a vivir—a hacer tabernáculo—a través del Espíritu Santo en cada Cristiano convertido verdaderamente.

Los verdaderos Cristianos son un tabernáculo o lugar de vivienda para Dios: Para los miembros convertidos del cuerpo de Cristo—quienes tienen el Espíritu de Dios en ellos—la Fiesta de Tabernáculos también tiene un significado personal especial. Ahí existe una relación espiritual única entre los verdaderos creyentes, Dios el Padre y Jesucristo—por y a través del poder del Espíritu Santo. Tras la conversión, cuando recibimos el engendramiento del Espíritu Santo de Dios, llegamos a ser un lugar de vivienda especial para Dios—¡un tabernáculo o templo de Dios! Como lo escribe Pablo, “¿No entienden que son templo de Dios, y que el Espíritu de Dios está viviendo en ustedes? Si alguno profana el templo de Dios, Dios lo destruirá a él porque el templo de Dios es santo, tal templo son ustedes.” (I Corintios 3:16-17).

Hoy, Dios ya no vive en un tabernáculo o templo físico hecho por manos humanas—Él vive en nosotros por el poder del Espíritu Santo. De hecho, Jesús prometió: “… “Si alguno Me ama, guardará Mi palabra; y Mi Padre le amará, y Nosotros vendremos a él, y haremos Nuestra morada con él. Aquel que no Me ama, no guarda Mis palabras; y la palabra que ustedes escuchan no es Mía, sino del Padre, Quien Me envió.” (Juan 14:23-24). Y otra vez, “Vivan en Mí, y Yo en ustedes…” (Juan 15:4). También vea Gálatas 2:20.

En su primera epístola general, Juan escribió concerniente a esta vivienda especial del Espíritu Santo: “Nadie ha visto a Dios en ningún momento. Aun así, si nos amamos unos a otros, Dios vive en nosotros, y Su propio amor es perfeccionado en nosotros. Por este estándar sabemos que estamos viviendo en Él, y Él está viviendo en nosotros: por Su propio Espíritu, el cual nos ha dado… Y hemos conocido y hemos creído el amor que Dios tiene hacia nosotros. Dios es amor, y aquel que vive en amor está viviendo en Dios, y Dios en él. Por esta relación espiritual, el amor de Dios es perfeccionado dentro de nosotros, para que podamos tener confianza en el día de juicio porque incluso como Él es, así también somos nosotros en este mundo.” (I Juan 4:12-13, 16-17).

 Al tiempo presente, nuestros cuerpos de carne son comparados a un tabernáculo temporal. Sin embargo, para vivir con Dios para siempre, necesitamos ser vestidos de vida eterna—cambiados de seres de carne a seres de espíritu: “Porque nosotros que estamos en este tabernáculo [este cuerpo de carne] sí gemimos verdaderamente, siendo cargados; no que deseemos ser desvestidos, sino ser revestidos para que la carne mortal pueda ser tragada por vida [en la resurrección (I Corintios 15:49-50)]. Entonces Quien está elaborando esta mismísima cosa para nosotros es Dios, Quien también nos ha dado las arras del Espíritu.” (II Corintios 5:4-5).

Además, aunque vivimos en este mundo (sociedad), Jesús dijo que no somos de este mundo (Juan 17:14-15). De la misma manera, como amonestó Pablo a los corintios, debemos separarnos del mundo y su camino: “No sean unidos desigualmente con incrédulos. Porque ¿Qué tienen en común la justicia y la ilegalidad? Y ¿Qué compañerismo tiene la luz con la oscuridad? Y ¿Qué unión tiene Cristo con Belial? O ¿Qué parte tiene un creyente con un incrédulo? Y ¿Qué acuerdo hay entre un templo de Dios y los ídolos? Porque ustedes son templo del Dios vivo, exactamente como Dios dijo: “Viviré en ellos y caminaré en ellos; y seré su Dios, y ellos serán Mi pueblo. Por tanto, salgan de en medio de ellos y sepárense,” dice el Señor, “y no toquen lo impuro, y Yo los recibiré; y seré un Padre para ustedes, y ustedes serán Mis hijos e hijas,” dice el Señor Todopoderoso. (II Corintios 6:14-18).

Es a través del Espíritu de Dios viviendo en nosotros que recibimos el poder para vencer el pecado y desarrollar el carácter de Dios para la vida eterna. Pablo enfatiza la importancia central de la habitación del Espíritu Santo para vencer los jalones de la carne y la naturaleza humana; para desarrollar el carácter piadoso y recibir vida eterna en la primera resurrección: “Sin embargo, ustedes no están en la carne, sino en el Espíritu, si el Espíritu de Dios está ciertamente viviendo dentro de ustedes. Pero si cualquiera no tiene el Espíritu de Cristo, no pertenece a Él. Pero si Cristo está dentro de ustedes, el cuerpo ciertamente está muerto por causa del pecado; sin embargo, el Espíritu es vida por causa de justicia. Entonces si el Espíritu de Quien levantó a Jesús de los muertos está viviendo dentro de ustedes, Quien levantó a Cristo de los muertos también resucitará sus cuerpos mortales por causa de Su Espíritu que vive dentro de ustedes. Entonces, hermanos, no somos deudores a la carne, para vivir de acuerdo a la carne; porque si están viviendo de acuerdo a la carne, morirán; pero si por el Espíritu están condenando a muerte los hechos del cuerpo, vivirán. Porque tantos como son guiados por el Espíritu de Dios, esos son los hijos de Dios. Ahora ustedes no han recibido un espíritu de esclavitud otra vez hacia temor, sino han recibido el Espíritu de filiación, por el cual gritamos, “Abba, Padre.” El Espíritu mismo da testimonio conjuntamente con nuestro propio espíritu, testificando que somos hijos de Dios. Entonces si somos hijos, somos también herederos—verdaderamente, herederos de Dios y coherederos con Cristo—si ciertamente sufrimos junto con Él, para que podamos también ser glorificados junto con Él.” (Romanos 8:9-17).

En la resurrección, cada uno de nosotros seremos glorificados con una vivienda nueva, espiritual y permanente por así decirlo—con un cuerpo y una mente espiritual inmortal, incorruptible y eterna (I Corintios 15:35-55). Con esta gloria, brillaremos como las estrellas del cielo (Daniel 12:2-3; Mateo 13:43; Génesis 15:5).

A través de la habitación del Espíritu Santo de Dios, llegamos a ser especiales, tabernáculos o templos temporales para que Dios more—hasta la resurrección, cuando recibiremos la plenitud de nuestra herencia: “En Quien también confiaron ustedes después de oír la Palabra de la verdad, el evangelio de su salvación; en Quien también, después de creer, fueron sellados con el Espíritu Santo de la promesa, el cual es las arras de nuestra herencia hasta la redención de la posesión comprada, para la alabanza de Su gloria.” (Efesios 1:13-14).

Mientras disfrutamos ahora esta relación especial con Dios el Padre y Jesucristo, estamos esperando vivir con Ellos en la Nueva Jerusalény con toda la familia espiritual de Dios en el Reino de Dios por toda la eternidad: “¡He aquí! ¡Que glorioso amor nos ha dado el Padre, que deberíamos ser llamados los hijos de Dios! Por esta misma razón, el mundo no nos conoce porque no lo conoció a Él. Amados, ahora somos los hijos de Dios, y no ha sido revelado aun lo que seremos; pero sabemos que cuando Él sea manifestado, seremos como Él, porque lo veremos exactamente como Él es.” (I Juan 3:1-2).

Esto confirma otra promesa que hizo Jesús a Sus discípulos—que Él prepararía un lugar de vivienda especial para ellos en la Nueva Jerusalén. En la noche de Su última Pascua Jesús le dijo a Sus discípulos: “En la casa de Mi Padre [la Nueva Jerusalén] hay muchos lugares de vivienda [permanentes, eternos]; si fuera de otra forma, se los habría dicho. Yo voy a preparar un lugar para ustedes. Y si voy y preparo un lugar para ustedes, vendré otra vez y los recibiré para Mí mismo; para que donde Yo estoy, ustedes también puedan estar.” (Juan 14:2-3).

Este entonces es el significado espiritual único de la Fiesta de Tabernáculos para todos los verdaderos Cristianos—un lugar de vivienda con Dios, ahora y por toda la eternidad.

 

El cumplimiento profético de Tabernáculos para todas las naciones

 

Como con el Día de Trompetas y el Día de Expiación, el libro de Apocalipsis es la clave que desbloquea el significado profético de la Fiesta de Tabernáculos. Después que Jesucristo y los santos resucitados regresen a la tierra desde el mar de vidrio, la bestia y el falso profeta son echados en el lago de fuego y sus ejércitos son destruidos, como está representado por el Día de Trompetas (Apocalipsis 19:11-21). Luego, Satanás y los demonios son atados en el abismo, como está representado por Expiación (Apocalipsis 20:1-3).

Lo que sigue a estos dos eventos climáticos epitomiza el significado de la Fiesta de Tabernáculos: Jesucristo y los santos establecen el Reino de Dios y gobiernan el mundo por mil años: “Y vi tronos; y a los que se sentaron sobre ellos, y juicio les fue dado; y vi las almas de aquellos que habían sido decapitados por el testimonio de Jesús, y por la Palabra de Dios, y aquellos que no adoraron a la bestia, o su imagen, y no recibieron la marca en sus frentes o en sus manos; y vivieron y reinaron con Cristo mil años… Esta es la primera resurrección. Bendito y santo es aquel que tiene parte en la primera resurrección; sobre este la segunda muerte no tiene poder. Sino que serán sacerdotes de Dios y de Cristo, y reinarán con Él mil años.” (Apocalipsis 20:4-6).

Jesucristo como Rey del mundo: Antes de la crucifixión de Cristo, Pilato lo interrogó, preguntándole si Él era “el rey de los judíos.” Jesús respondió, “…“Mi reino no es de este mundo. Si Mi reino fuera de este mundo, entonces Mis siervos lucharían, para que Yo no pudiera ser entregado a los judíos. Sin embargo, Mi reino no es de este mundo.” Pilato por lo tanto le respondió, “Entonces, ¿eres Tú un rey?” Jesús respondió, “Como dices, Soy un rey. Para este propósito nací, y por esta razón vine al mundo, que Yo pueda dar testimonio a la verdad. Todo quien es de la verdad escucha Mi voz.” ” (Juan 18:36-37).

Con Su respuesta, Jesús puso al descubierto la verdad de que Él había ciertamente cumplido la profecía de Isaías la cual dice, “Porque para nosotros un niño es nacido, para nosotros un hijo es dado; y el gobierno [del Reino de Dios] será sobre Sus hombros; y Su nombre será llamado Maravilloso, Consejero, el Dios Poderoso, el Padre Eterno, el Príncipe de Paz. Del incremento de Su gobierno y paz no habrá fin, sobre el trono de David, y sobre Su reino, para ordenarlo y establecerlo con juicio y con justicia desde ahora en adelante, incluso para siempre. El celo del SEÑOR de los ejércitos hará esto.” (Isaías 9:6-7). “Y el SEÑOR será Rey sobre toda la tierra; …” (Zacarías 14:9).

El reinado milenial de Jesucristo como Rey traerá un gobierno mundial justo sobre todas las naciones. Los cielos y la tierra se alegrarán: “Digan entre las naciones, “El SEÑOR reina, y el mundo será establecido; no será movido; Él juzgará a la gente con justicia.” Alégrense los cielos, y esté contenta la tierra; ruja el mar, y la plenitud de el. Esté gozoso el campo, y todo lo que está en el; entonces todos los árboles del bosque cantarán de alegría ante el SEÑOR; porque Él viene, porque Él viene a juzgar la tierra; Él juzgará al mundo con justicia y a la gente con Su verdad.” (Salmo 96:10-13).

Cuando Jesús establezca el Reino de Dios sobre la tierra, Su ciudad capital será Jerusalén. Todas las guerras cesarán. Habrá paz mundial, y el hombre reconstruirá las ciudades desoladas: “Y sucederá que, en los últimos días, la montaña [el reino] de la casa del SEÑOR será establecida en lo más alto de las montañas [los reinos], y será exaltada sobre las colinas; y todas las naciones fluirán a ella. Y mucha gente irá y dirá, “Vengan, y subamos a la montaña del SEÑOR, a la casa del Dios de Jacob. Y Él nos enseñará de Sus caminos, y nosotros caminaremos en Sus senderos.” Porque de Zion saldrá la ley, y la Palabra del SEÑOR desde Jerusalén. Y Él juzgará entre las naciones, y reprenderá a mucha gente; y ellos batirán sus espadas en rejas de arado, y sus lanzas en ganchos de poda. Nación no levantará espada contra nación, ni ellos aprenderán más la guerra… Y ellos construirán los viejos desechos, levantarán las desolaciones de tiempos anteriores. Y repararán las ciudades desechas, las desolaciones de muchas generaciones.” (Isaías 2:2-4; 61:4).

Dios incluso cambiará la naturaleza de la humanidad—de su presente hostilidad carnal hacia Él y Su justicia y leyes perfectas, a una naturaleza de obediencia y amor. A toda la gente se le ofrecerá la oportunidad para la salvación y la vida eterna: “Y rociaré aguas limpias sobre ustedes, y serán limpios. Los limpiaré de toda su inmundicia y de sus ídolos.  Y les daré un corazón nuevo, y pondré un espíritu nuevo dentro de ustedes. Y quitaré el corazón de piedra de su carne, y les daré un corazón de carne. Y pondré Mi Espíritu dentro de ustedes y haré que caminen en Mis estatutos, y guardarán Mis ordenanzas y las harán.  Y vivirán en la tierra que le di a sus padres. Y serán Mi pueblo, y Yo seré su Dios.” (Ezequiel 36:25-28).

El conocimiento del Señor cubrirá la tierra como los mares lo hacen hoy. La gente disfrutará de increíble riqueza y de propiedad privada de tierra: “Y saldrá un brote de la cepa de Jesé, y una Rama crecerá de sus raíces. Y el Espíritu del SEÑOR descansará sobre Él, el espíritu de sabiduría y entendimiento, el espíritu de consejo y poder, el espíritu de conocimiento y de temor del SEÑOR. Y Su delicia será en el temor del SEÑOR. Y Él no juzgará de acuerdo a la vista de Sus ojos, ni conforme al oír de Sus oídos. Sino con justicia Él juzgará al pobre, y reprenderá con equidad por los mansos de la tierra. Y golpeará la tierra con la vara de Su boca, y con el aliento de Sus labios Él matará al malo. Y justicia será el cinturón de Sus lomos, y fidelidad el cinturón de Sus riñones. También el lobo vivirá con el cordero, y el leopardo se acostará con el cabrito; y el ternero y el cachorro del león y la bestia doméstica juntamente; y un niño pequeño los guiará. Y la vaca y el oso se alimentarán; sus cachorros se acostarán juntos; y el león comerá paja como el buey. Y el niño que mama jugará en el hueco del áspid, y el niño destetado pondrá sus manos en la guarida de la víbora. Ellos no herirán ni destruirán en todo Mi santo monte; porque la tierra será llena del conocimiento del SEÑOR, como las aguas cubren el mar… Por bronce traeré oro y por hierro traeré plata; y por madera traeré bronce, y por piedras, hierro. También haré que sus supervisores sean paz, y sus gobernantes sean justicia. Violencia no será más escuchada en su tierra ni devastación ni ruina dentro de sus fronteras; sino llamarán a sus muros Salvación, y a sus puertas Alabanza.” (Isaías 11:1-9; 60:17-18). También, “… se sentará cada uno bajo su propio árbol de higos; y nadie los hará temer; porque la boca del SEÑOR de los ejércitos ha hablado,” (Miqueas 4:4).

Todas las naciones guardarán el Sábado y los días santos de Dios: “Y sucederá, que de un mes a otro, y de un Sábado a otro, vendrá toda carne a adorar ante Mí,” dice el SEÑOR.” (Isaías 63:23). “Y sucederá que todo el que sea dejado de todas las naciones las cuales subieron contra Jerusalén incluso subirán de año en año a adorar al Rey, el SEÑOR de los ejércitos, y a guardar la Fiesta de Tabernáculos.” (Zacarías 14:16).

Ya que la Fiesta de Tabernáculos representa la gran cosecha para Israel, el venidero reinado milenial de Jesucristo y los santos (como reyes y sacerdotes) será una gran cosecha espiritual de Dios. Durante este periodo de mil años, literalmente billones de personas serán convertidos y al final de sus vidas, recibirán inmortalidad cuando entren al reino espiritual de Dios para toda la eternidad. “Entonces vi un cielo nuevo y una tierra nueva; porque el primer cielo y la primera tierra estaban desaparecidas, y no había más mar. Y yo, Juan, vi la santa ciudad, la Nueva Jerusalén, bajando de Dios desde el cielo, preparada como una novia adornada para su esposo. Y escuché una gran voz desde el cielo decir, “He aquí, el tabernáculo de Dios es con los hombres; y Él vivirá con ellos, y ellos serán Su pueblo; y Dios mismo estará con ellos y será su Dios. Y Dios borrará toda lágrima de sus ojos; y no habrá más muerte, o pena, o llanto, ni habrá más dolor, porque las cosas anteriores han desaparecido.” Y Quien se sienta sobre el trono dijo, “He aquí, Yo hago todas las cosas nuevas,” Entonces Él me dijo, “Escribe porque estas palabras son verdaderas y fieles.” ” (Apocalipsis 21:1-5).

Desde el principio de la creación, todo el plan y propósito de Dios ha sido simplemente vivir con Su pueblo—Su familia espiritual—por toda la eternidad. Es el deseo de Dios el Padre y Jesucristo compartir desinteresadamente las riquezas sin fin del universo con su familia. Así, la Fiesta de Tabernáculos representa una etapa mayor en el cumplimiento del plan maestro de Dios.

Sin embargo, la Fiesta de Tabernáculos no completa el plan de Dios. Hay un día santo más—el “octavo día” siguiendo a la Fiesta de Tabernáculos—el cual consumará el plan asombroso de Dios. En el capítulo trece examinaremos las escrituras que explican completamente el significado de este poco entendido día octavo, llamado el “Último Gran Día” (Juan 7:37).

 

 

 

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