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afaithfulversion.org • theoriginalbiblerestored.org

 

Fred R. Coulter

Ministro

 

Junio 14, 2018

 

Queridos hermanos,

 

          Tuvimos nuestra Conferencia de ancianos, del 2 al 5 de mayo, en el Hotel Greater Cincinnati Airport. Este fue el 18avo año que la hemos tenido allí. Acabaron de hacerle una renovación completa al hotel, así que fue como yendo a todo un nuevo sitio.

          ¡Tuvimos la mejor conferencia de todos los tiempos! Durante nuestras sesiones, muchos de los ancianos hablaron. Tuvimos reportes internacionales, así como de las áreas locales en USA. Fue claramente evidente para todos, mientras progresaba cada sesión, que Dios nos bendijo con Su Santo Espíritu de amor, poder y unicidad de corazón y mente—haciendo esta ¡la mejor conferencia de todos los tiempos!

          Tuvimos sesiones de mañana y tarde el 3 y 4 de mayo, con la mayoría de los hombres reportando sus áreas. Especialmente interesantes fueron los reportes de las oficinas internacionales. Roy Assanti está compilando un folleto de la conferencia, el cual les enviaremos. Probablemente tomará algunas semanas hasta que esté listo. Mientras tanto, con este envío, estamos enviando un número de mensajes dados durante la conferencia. De esta forma podemos compartir con ustedes el trabajo interno de la conferencia. Dado que hay tanto material, no podemos enviar todo en un solo CD—así que segmentos adicionales vendrán después.

          El Sábado 5 de mayo, tuvimos servicios en la mañana y tarde, con una comida tremenda entre las sesiones. Aquella mañana tuvimos dos ordenaciones—un nuevo anciano, Albert Lee Jones, de Michigan, y Eduardo Elizondo, del norte de Ohio como nuevo diacono.

          Hermanos, quiero que sepan que Dios ha bendecido IDCB con muy buenos ancianos quienes aman a Dios, conocen sus Biblias y están dedicados a servir a los hermanos. Estamos muy agradecidos con Dios el Padre y Jesucristo por tales hombres convertidos y leales y por sus esposas. Por favor manténgalos en sus oraciones.

          Estoy seguro que muchos de ustedes no saben que tenemos 20 ancianos ordenados, así como un número de diáconos, quienes sirven en grupos de congregaciones locales. A pesar de este hecho, aun somos una iglesia muy dispersa.

          Sin embargo, además de más de 4,000 personas en la lista de envíos, con la tecnología digital de hoy podemos en realidad alcanzar gente alrededor del mundo a través de nuestros sitios web, videos, CDs, nuestra Biblia, libros y folletos. También tenemos nuestras publicaciones en formato digital y de audio en nuestros sitios web: laVerdaddeDios.org, churchathome.org y afaithfulversion.org—el cual tiene la Biblia entera [en ingles], La Santa Biblia en Su orden original. En afaithfulversion.org, cualquiera puede descargar toda la Biblia—con Comentarios y Apéndices, texto y audio—a un teléfono ¡sin costo alguno! De esta forma la gente puede tener la Biblia con ellos todo el tiempo, para ¡leerla o escucharla!

          Pacto piadoso de los ancianos: En las Iglesias de Dios, parece haber un pacto entre Jesucristo, Quien es la Cabeza de la Iglesia y todos los ancianos—también llamados “supervisores,” no señores supremos. Mientras su relación con Dios el Padre y Jesús no es llamada directamente un pacto, sus responsabilidades, como veremos, se les dan cualidades de pacto. Además, todos los ancianos son reconocidos por Dios como mayordomos, como escribe el apóstol Pablo: “Ya sea Pablo, o Apolos, o Cefas, o el mundo, o vida, o muerte, o cosas presentes, o cosas por venir—todas son suyas; y ustedes son de Cristo y Cristo es de Dios. Así entonces, cada hombre considérenos como ministros de Cristo y administradores de los misterios de Dios. Más allá de eso, es requerido de los administradores que uno sea encontrado fiel” (I Corintios 3:22-23; 4:1-2).

          En el mundo de hoy, poco es conocido sobre lo que es un mayordomo. Un mayordomo está definido como: “Una persona puesta a cargo de los asuntos de una gran casa [La iglesia en general es referida como la “casa de Dios” (Efesios 2:19).] o los bienes de alguien, cuyas responsabilidades incluyen supervisión … administración … de la propiedad o finanzas de otro, de acuerdo a las instrucciones del dueño para el beneficio del dueño” (Webster’s Dictionary, College Edition).

          Cuando Pablo estaba yendo a Jerusalén por última vez, él llamó a los ancianos para que fueran a Mileto a reunirse con él por última vez. Allí les dio esta advertencia, en la cual también describió su trabajo real como mayordomos de Dios: “Por tanto presten atención a ustedes mismos y a todo el rebaño, entre el cual el Espíritu Santo los ha hecho supervisores, para alimentar a la iglesia de Dios, la cual Él compró con Su propia sangre. Porque se esto: que tras mí partida lobos crueles entrarán entre ustedes, no escatimando el rebaño; Y de entre sus mismos propios hombres se levantarán hablando cosas perversas para apartar discípulos tras ellos mismos” (Hechos 20:28-30).

          Lo que Pablo advirtió aquí es casi exactamente lo mismo que Jesús amonestó a Pedro. En una de Sus últimas reuniones con algunos de los apóstoles, Jesús instruyó enfáticamente a Pedro tres veces sobre cómo debería servir a la Iglesia y servirlo también a Él. El apóstol Juan escribe de esto en el último capítulo de su Evangelio: “Por tanto, cuando  habían terminado de comer, Jesús le dijo a Simón Pedro, “Simón, hijo de Jonás, ¿Me amas más que a estos?” Y él le dijo, “Si, Señor. Sabes que Te amo.” Él le dijo, “alimenta Mis corderos.” Él le dijo de nuevo una segunda vez, “Simón, hijo de Jonás, ¿Me amas?” Y él le dijo, “Si, Señor. Sabes que Te amo.” Él le dijo, “Pastorea Mis ovejas.” Él le dijo la tercera vez, “Simón, hijo de Jonás, ¿Me amas?” Pedro estaba afligido porque Él le dijo la tercera vez, “¿Me amas?” Y él le dijo, “Señor, Tu sabes todas las cosas. Sabes que Te amo.” Jesús le dijo, “alimenta Mis ovejas” (Juan 21:15-17).

          En su primera Epístola, Pedro mostró que él había en verdad aprendido esta lección vital. Él instruyó a los líderes: “A los ancianos que están entre ustedes los exhorto, incluso como un compañero anciano, y un testigo ocular de los sufrimientos de Cristo, y un participe de la gloria que está a punto de ser revelada: Alimenten el rebaño de Dios que está entre ustedes, ejerciendo vigilancia no por compulsión, sino voluntariamente; no en afición de ganancias deshonestas, sino con una actitud anhelante; no como ejerciendo señorío sobre sus posesiones, sino siendo ejemplos al rebaño de Dios.  Y cuando el Pastor Jefe sea manifestado, recibirán una corona de gloria eterna” (I Pedro 5:1-4).

          Así mismo Jesús instruyó a los apóstoles a no ser señores supremos: “Pero Jesús los llamó [a los apóstoles] y dijo, “Ustedes saben que los gobernantes de las naciones ejercen señorío sobre ellas, y los grandes ejercen autoridad sobre ellas. Sin embargo, no será de esta forma entre ustedes; sino cualquiera que llegue a ser grande entre ustedes, sea su siervo; y cualquiera que esté primero entre ustedes, sea su esclavo; así como el Hijo de hombre no vino a ser servido, sino a servir, y a dar Su vida como un rescate por muchos” (Mateo 20:25-28).

          Todo el propósito del ministerio—todos los ancianos o supervisores—es definido claramente por Pablo: “Y Él organizó a algunos como apóstoles, y a algunos como profetas, y a algunos como evangelistas; y a algunos, pastores y profesores para el perfeccionamiento de los santos, para la obra del ministerio, para la edificación del cuerpo de Cristo; hasta que todos vengamos a la unidad de la fe y del conocimiento del Hijo de Dios, hacia un hombre perfecto, hacia la medida de la estatura de la plenitud de Cristo; para que no seamos más niños, sacudidos y llevados con todo viento de doctrina por las artimañas de hombres en astucia, con vista a la sistematización del error; sino manteniendo la verdad en amor, podamos crecer en todas las cosas en Quien es la Cabeza, Cristo de Quien todo el cuerpo, adecuadamente estructurado y compactado por eso que cada coyuntura suple, de acuerdo a su trabajo interno en la medida de cada parte individual, está haciendo el incremento del cuerpo hacia la edificación del mismo en amor” (Efesios 4:11-16).

          Hay muchos otros aspectos que pueden ser agregados para delinear completamente las tareas y responsabilidades de los ancianos al servir a los hermanos y al proteger y proteger la Verdad.

          El proceso de conversión: Jesús dijo, “Porque muchos son llamados, pero pocos son escogidos” (Mateo 22:14). ¿Por qué? Porque solo pocos se arrepienten ¡en verdad! Como el apóstol Pedro proclamó en Pentecostés, 30 dC: “Arrepiéntanse y sean bautizados cada uno de ustedes en el nombre de Jesucristo para la remisión de pecados, y ustedes mismos recibirán el regalo del Espíritu Santo. Porque la promesa es para ustedes y para sus hijos, y para todos aquellos que están lejos, tantos como el Señor nuestro Dios pueda llamar”” (Hechos 2:38-39). Arrepentimiento significa dejar de vivir en pecado—lo cual es la transgresión de las leyes y mandamientos de Dios—y volverse y comenzar a vivir el camino de Dios.

          Por un lado, muchos en este mundo están muy envueltos en asuntos carnales para preocuparse de Dios—así como Jesús lo describe en las parábolas de Mateo 13. Por otro lado, para aquellos que responden el llamado de Dios, el proceso espiritual de conversión comienza en verdad con la operación de la gracia de Dios en nuestras vidas y mentes. Luego, Dios el Padre comienza a acercarnos a Él mismo a través de Cristo (Mateo 11:27; Juan 6:44-45; 14:6). SI continuamos respondiendo al buscar a Dios con todo nuestro corazón (Mateo 7:7-8), Él nos guía al arrepentimiento y bautismo (Romanos 2:4, 13; II Corintios 7:9-10). Dios el Padre personalmente nos rescata de Satanás el diablo: “Dando gracias al Padre, Quien nos ha hecho calificados para la participación de la herencia de los santos en la luz;  Quien nos ha rescatado personalmente del poder de la oscuridad y nos ha transferido al reino del Hijo de Su amor; en Quien tenemos redención a través de Su propia sangre, incluso la remisión de pecados” (Colosenses 1:12-14).

          Todo esto es la operación de la gracia de Dios el Padre y Jesucristo Quienes están tratando con nosotros a través de la Palabra de Dios y el poder del Espíritu Santo. Pablo describe el proceso de esta forma, comenzando con cuando estábamos aun viviendo en pecado como cautivos de Satanás: “Ustedes estaban muertos en transgresiones y pecados, en los cuales caminaron en tiempos pasados de acuerdo al curso de este mundo, de acuerdo al príncipe del poder del aire [Satanás el diablo], el espíritu que está ahora trabajando dentro de los hijos de desobediencia; Entre quienes también todos nosotros una vez tuvimos nuestra conducta en las lujurias de nuestra carne, haciendo las cosas deseadas por la carne y por la mente, y éramos por naturaleza los hijos de ira, así como el resto del mundo.

          “Pero Dios, Quien es rico en misericordia, por causa de Su gran amor con el cual nos amó, aun cuando estábamos muertos en nuestras ofensas, nos ha dado vida junto con Cristo.Porque por gracia han sido salvos a través de fe, y esta no es de ustedes mismos; es el regalo de Dios,  no de obras [nuestras propias obras carnales], para que nadie pueda jactarse. Porque somos Su hechura, siendo creados en Cristo Jesús hacia las buenas obras que Dios ordenó de antemano para que pudiéramos caminar en ellas” (Efesios 2:1-5, 8-10).

          ¿Cuáles son aquellas buenas obras que Dios ha ordenado? Son: Amar a Dios con todo nuestro corazón, mente, y con toda nuestra fortaleza; amar a nuestro prójimo como a nosotros mismos; amar a los hermanos como Cristo nos ha amado; y guardar los mandamientos de Dios en su plena intención espiritual. Todas estas solo pueden ser cumplidas a través de ¡la gracia de Dios! Entonces llegamos a ser la “hechura espiritual de Dios”—esto es, Él está creando dentro de nuestros corazones y mentes Su carácter recto y santo, mientras empezamos a ser perfeccionados como Dios es perfecto (Mateo 5:48).

          Esto nos trae a una relación personal con Dios el Padre y Jesucristo—como la llamó Juan, “nuestro compañerismo.” Él escribe: “Eso que hemos visto y hemos oído estamos reportándoles para que también puedan tener compañerismo con nosotros; porque el compañerismo—ciertamente, nuestro compañerismoestá con el Padre y con Su propio Hijo, Jesucristo” (I Juan 1:3).

          La obra del Espíritu Santo en nuestras vidas: Cuando somos
engendrados de nuevo” (I Pedro 1:2-3) por el Espíritu de Dios del Padre, el
Espíritu Santo es co-unido con nuestro “espíritu de hombre”—y recibimos el regalo de filiación de Dios. Somos entonces hijos engendrados (I Juan 3:1-3, 9): “…para que pudiéramos recibir el don de filiación de parte de Dios. Y porque ustedes son hijos, Dios ha enviado el Espíritu de Su Hijo a sus corazones, gritando, “Abba, Padre”” (Gálatas 4:5-6). Dios entonces nos guía con el poder de Su Santo Espíritu: “Porque tantos como son guiados por el Espíritu de Dios, esos son los hijos de Dios. Ahora, ustedes no han recibido un espíritu de esclavitud otra vez hacia temor, sino han recibido el Espíritu de filiación, por el cual gritamos, “Abba, Padre”” (Romanos 8:15-16).

          Con nuestra participación activa diaria en nuestra relación con Dios—a través de oración y estudio, guardando Sus leyes y mandamientos por Su gracia activa firme—Él continua convirtiéndonos, primero, al escribir Sus leyes en nuestros corazones y mentes: “Y el Espíritu Santo también nos da testimonio; porque después que Él había previamente dicho, “ ‘Este es el pacto que estableceré con ellos después de aquellos días,’ dice el Señor: ‘Yo daré Mis leyes dentro de sus corazones, y las inscribiré en sus mentes; y sus pecados e ilegalidad no recordaré nunca más’ ”” (Hebreos 10:15-17).

          Entonces, con la gracia y el amor de Dios por nosotros combinado con nuestro amor por Dios, desarrollamos la mente de Jesucristo—la mente convertida guiada por el Espíritu, como escribe Pablo: “Ahora entonces, si hay cualquier estímulo en Cristo, si cualquier consuelo de amor, si cualquier compañerismo del Espíritu, si cualquier afecto interno profundo y compasión, cumplan mi gozo, que sean de la misma mente, teniendo el mismo amor, siendo unidos en alma, preocupándose de la única cosa [el Reino de Dios]. Nada sea hecho a través de contienda o vanagloria, sino en humildad, cada uno estimando a los otros sobre sí mismo. Cada uno ocúpese no solo de sus propias cosas, sino cada uno también considere las cosas de otros. Esté esta mente en ustedes, la cual estuvo también en Cristo Jesús” (Filipenses 2:1-5).

          Así es como Cristo es “creado” o formado en nosotros (Gálatas 4:19) a través del poder del Espíritu Santo: “Incluso el misterio que ha estado escondido desde siglos y desde generaciones, pero que ha sido revelado ahora a Sus santos; a quienes Dios quiso dar a conocer cuáles son las riquezas de la gloria de este misterio entre los gentiles; el cual es Cristo en ustedes, la esperanza de gloria; a Quien predicamos, amonestando a todo hombre y enseñando a todo hombre en toda sabiduría, para poder presentar a todo hombre perfecto en Cristo Jesús” (Colosenses 1:26-28). Recuerde, somos Su hechura.

          Así imitamos a Dios mientras somos guiados por el Espíritu Santo: “Por tanto, sean imitadores de Dios, como hijos amados; y caminen en amor, incluso como Cristo también nos amó, y Se dio a Sí mismo por nosotros como una ofrenda y un sacrificio de aroma perfumado a Dios.” (Efesios 5:1-2). Consecuentemente, desarrollamos los frutos del Espíritu—carácter piadoso: “Pero el fruto del Espíritu es amor, gozo, paz, paciencia, amabilidad, bondad, fe, Mansedumbre, autocontrol;…” (Gálatas 5:22-23).

          Juan lo expresó de esta forma: “Por otro lado, si cualquiera está guardando Su Palabra, verdaderamente en aquel el amor de Dios está siendo perfeccionado. Por este medio sabemos que estamos en Él.  Cualquiera que reclame vivir en Él está obligándose a sí mismo también a caminar incluso como Él mismo caminó.Por este estándar sabemos que amamos a los hijos de Dios: cuando amamos a Dios y guardamos Sus mandamientos. Porque este es el amor de Dios: que guardemos Sus mandamientos; y Sus mandamientos no son pesados” (I Juan 2:5-6; 5:2-3).

          Sí, cometeremos errores, caeremos a causa de la debilidad humana y el pecado, pero cuando nos arrepentimos y suplicamos a Dios, Él nos perdona a través de la sangre de Cristo. Juan escribe: “Hijitos míos, les estoy escribiendo estas cosas para que no puedan pecar. Y aun así, si alguno peca, tenemos un Abogado con el Padre, Jesucristo el Justo; y Él es la propiciación por nuestros pecados; y no solamente por nuestros pecados, sino también por los pecados del mundo entero.Si confesamos nuestros propios pecados, Él es fiel y justo, para perdonar nuestros pecados, y limpiarnos [a través del “lavado del agua por la Palabra” (Efesios 5:26)] de toda injusticia” (I Juan 2:1-2; 1:9).

          En verdad, así es como somos los hijos de Dios—en una relación especial de filiación con el Padre. Es el Padre Quien también nos da voluntad y deseo de crecer, cambiar y vencer: “Porque es Dios quien trabaja en ustedes el querer y el hacer de acuerdo a Su buena voluntad.Para que puedan ser irreprochables y sin ofensa, hijos inocentes de Dios en medio de una generación torcida y pervertida, entre quienes ustedes brillan como luces en el mundo” (Filipenses 2:13, 15).

          Somos la hechura de Dios, la cual Él completará a perfección: “Gracia y paz sean a ustedes de Dios nuestro Padre y del Señor Jesucristo. Doy gracias a mi Dios en todo recuerdo de ustedes, siempre haciendo súplica con gozo en toda oración mía por todos ustedes, por su compañerismo en el evangelio desde el primer día hasta ahora; estando confiados de esta misma cosa, que Quien comenzó una buena obra en ustedes la completará hasta el día de Jesucristo” (Filipenses 1:2-6).

          Pablo también nos anima con estas palabras: “El Espíritu mismo da testimonio conjuntamente con nuestro propio espíritu, testificando que somos hijos de Dios. Entonces si somos hijos, somos también herederos—verdaderamente, herederos de Dios y coherederos con Cristo—si ciertamente sufrimos junto con Él, para poder también ser glorificados junto con Él [en la primera resurrección]” (Romanos 8:16-17).

          Así, en la resurrección seremos “perfectos, incluso como su Padre que está en el cielo es perfecto” (Mateo 5:48). Pablo escribe de la gloriosa primera resurrección para vida eterna, la cual recibiremos SI estamos hambrientos y sedientos por ella: “Así también es la resurrección de los muertos. Es sembrado en corrupción; es levantado en incorrupción.  Es sembrado en deshonra; es levantado en gloria. Es sembrado en debilidad; es levantado en poder. Es sembrado un cuerpo natural; es levantado un cuerpo espiritual. Hay un cuerpo natural, y hay un cuerpo espiritual; en consecuencia, está escrito, “El primer hombre, Adán, se convirtió en un alma viva, el último Adán se convirtió en un Espíritu eterno.” Sin embargo, lo espiritual no fue primero, sino lo natural—luego lo espiritual.

          “El primer hombre es de la tierra—hecho de polvo. El segundo Hombre es el Señor del cielo. Como es aquel hecho de polvo, así también son todos aquellos que son hechos de polvo; y como es aquel celestial, así también son todos aquellos que son celestiales. Y como hemos llevado la imagen de aquel hecho de polvo, también llevaremos la imagen de Aquel celestial. Ahora digo esto, hermanos, que la carne y la sangre no pueden heredar el reino de Dios, ni la corrupción hereda incorrupción. He aquí, les muestro un misterio: no todos dormiremos, sino que todos seremos cambiados, en un instante, en el parpadeo de un ojo, a la última trompeta; porque la trompeta sonará, y los muertos serán levantados incorruptibles, y nosotros seremos cambiados.  Porque esto corruptible debe vestirse de incorruptibilidad, y esto mortal debe vestirse de inmortalidad. Ahora, cuando esto corruptible se haya vestido de incorruptibilidad, y esto mortal se haya vestido de inmortalidad, entonces sucederá el dicho que está escrito: “La muerte es tragada en victoria.” Oh muerte, ¿dónde está tu aguijón? Oh tumba, ¿dónde está tu victoria?” (I Corintios 15:42-55).

          Esta es la gloria de vida eterna que Dios nos ha prometido. Esto es lo que necesitamos mantener fijo en nuestros corazones y mentes, sabiendo que sin importar lo que podamos enfrentar en este mundo, siempre estaremos buscando a Dios el Padre y a Jesucristo para que estén con nosotros y fortalecernos con el poder del Espíritu Santo dentro de nosotros: “…dejemos a un lado todo peso, y el pecado que tan fácilmente nos atrapa; y corramos la carrera puesta delante nuestro con resistencia, teniendo nuestras mentes fijas en Jesús, el Iniciador y Terminador [Perfeccionador] de nuestra fe; Quien por el gozo que tenía delante de Él resistió la cruz, aunque despreció la vergüenza, y se ha sentado a la mano derecha del trono de Dios” (Hebreos 12:1-2).

          Con esta mentalidad espiritual, sabemos que nada puede pararse contra nosotros—porque como hijos de Dios, Dios el Padre y Jesucristo están por nosotros: “Y sabemos que todas las cosas trabajan juntas para el bien de aquellos que aman a Dios, para aquellos que son llamados de acuerdo a Su propósito. Porque aquellos a quienes Él conoció de antemano, también predestinó para ser conformados a la imagen de Su propio Hijo, para que Él pudiera ser el primogénito entre muchos hermanos.

          “Entonces a quienes Él predestinó, a éstos también llamó; y a quienes Él llamó, a éstos también justificó; y a quienes Él justificó, a éstos también glorificó. ¿Qué diremos entonces a estas cosas? Si Dios es por nosotros, ¿quién puede estar contra nosotros? Quien no escatimó incluso a Su propio Hijo, sino que renunció a Él por todos nosotros, ¿cómo no nos otorgará también todas las cosas con Él?

          “¿Quién traerá una acusación contra el elegido de Dios? Dios es Aquel que justifica. ¿Quién es aquel que condena? Es Cristo Quien murió, más aun, Quien es alzado de nuevo, Quien está incluso ahora a la mano derecha de Dios, y Quien está también haciendo intercesión por nosotros. ¿Qué nos separará del amor de Cristo? ¿Tribulación, o angustia, o persecución, o hambre, o desnudez, o peligro, o espada?

          “En consecuencia, está escrito, “Por amor a Ti estamos muertos todo el día; somos contados como ovejas para la masacre.” Pero en todas estas cosas somos más que conquistadores a través de Quien nos amó. Porque estoy persuadido que ni muerte, ni vida, ni ángeles, ni principados, ni poderes, ni cosas presentes, ni cosas por venir, ni altura, ni profundidad, ni cualquier otra cosa creada, será capaz de separarnos del amor de Dios, el cual es en Cristo Jesús nuestro Señor” (Romanos 8:28-39).

          Por tanto, podemos reclamar esta firme promesa de Jesús: “…porque Él ha dicho, “En ninguna forma los dejaré jamás; no—nunca los abandonaré en ninguna forma.” Así entonces, digamos valientemente, “El Señor es mi ayudante, y no temeré, ¿qué puede hacerme el hombre?”” (Hebreos 13:5-6).

          Hermanos, estamos viviendo en tiempos difíciles y de pruebas; acerquémonos a Dios cada día en oración sentida y en el estudio de la Palabra de Dios. Así es como podemos continuar creciendo en gracia y conocimiento mientras desarrollamos carácter piadoso y amor en preparación para el regreso de Cristo—de modo que podemos reinar con Él mientras Él reina, y trae salvación a este mundo.

          Como siempre, damos gracias a Dios el Padre y a Jesucristo por su bondad y misericordia. Nuevamente, les damos gracias por su amor y fidelidad a Dios y unos a otros. Gracias por sus oraciones por nosotros y por todos los hermanos. Les damos gracias por su constancia en diezmos y ofrendas, como continuamos alcanzando a nuevas personas y hermanos. Oramos que Dios continúe bendiciéndolos en todo, y que Él velará por ustedes y los protegerá en toda forma. Oramos por ustedes cada día—por su salud y su sanidad a través del amor y la gracia de Dios.

 

Con amor en Cristo Jesús,

 

 

 

 

Fred R. Coulter

FRC

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