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Fred R. Coulter

Ministro

 

Marzo 10, 2021

         

Queridos hermanos,

 

          Dado que el primer día santo de la Fiesta de Panes sin Levadura cae en el primer día de la semana en el calendario romano, esto significa que el último día de la Fiesta cae en un Sábado regular. Durante la semana entre los días santos, usted puede separar tiempo extra cada día para estudio Bíblico. En nuestra página laverdaddedios.org hay demasiado material para su estudio en los días santos.

          El Cordero de Dios—el Sacrificio Supremo de Dios: Juan el Bautista proclamó que Jesús, el Hijo de Dios, era “el Cordero de Dios, para quitar el pecado del mundo.” Como el Creador de toda la humanidad, Jesucristo se ofreció a Sí mismo con el sacrificio supremo de Dios el Padre. A través de Su único sacrificio perfecto, Jesús compró redención del pecado para todo el tiempo. El Nuevo Testamento revela que Su muerte cumplió no sólo el sacrificio de la Pascua, sino todos los sacrificios animales que eran requeridos por las leyes de Dios dadas a Moisés. Todos esos tales sacrificios fueron cumplidos cuando Jesús murió en el día de la Pascua. En verdad, el apóstol Pablo nos dice que Jesús “ofreció UN SACRIFICIO por los pecados por siempre” (Hebreos 10:12). Aquel sacrificio perfecto compró redención eterna: “Por Cuya voluntad somos santificados a través de la ofrenda del cuerpo de Jesucristo UNA VEZ POR TODAS” (Hebreos 10:10). Nuevamente, “Porque cuando murió, murió al pecado UNA VEZ POR TODOS” (Romanos 6:10)—en el día de la Pascua, Nisan 14/Abril 5, 30 dC. Pablo afirma que la muerte de Jesús cumplió el sacrificio del cordero de Pascua: “Porque Cristo nuestra Pascua fue sacrificado por nosotros” (I Corintios 5:7).

          Jesucristo fue el sacrificio completo de Dios el Padre para cumplir las promesas del Nuevo Pacto—el único pacto que ofrece redención del pecado y el regalo de vida eterna. La promesa de vida eterna a través del Nuevo Pacto fue sellado por el cuerpo golpeado, flagelado y crucificado de Cristo y el derramamiento de Su sangre. La ceremonia que conmemora el sacrificio supremo de Jesús por los pecados del mundo fue instituida en la noche que Él fue traicionado. Aquella noche, Sus discípulos participaron de los símbolos de Su cuerpo y Su sangre. Así, todos quienes siguen a Cristo deben participar de aquellos mismos símbolos en ese mismo tiempo. Pablo escribió que las instrucciones del Señor eran para conmemorar Su muerte “en aquella noche”—cuando Él fue traicionado, la cual fue la noche de Nisan 14.

          Los cristianos deben renovar y reafirmar su compromiso al Nuevo Pacto cada año en cada noche al participar del lavado de pies y por participar del pan sin levadura quebrado y la copa del vino. Esta es una renovación personal, individual de la promesa de uno para continuar bajo el Nuevo Pacto: “Esta copa es el Nuevo Pacto en Mi sangre, la cual es derramada por ustedes” (Lucas 22:20). Cada cristiano que participa en esta ceremonia está afirmando nuevamente su aceptación del sacrificio de Jesucristo y está renovando su compromiso de vivir por las palabras de Dios (Mateo 4:4).

          Al renovar personalmente la participación de uno en el Nuevo Pacto, uno es capaz de recibir perdón y gracia continua de Dios el Padre, Quien aplica la sangre de Cristo a los pecados del creyente (I Juan 1:7-9). Es a través de la gracia de Dios, y por su arrepentimiento, que la limpieza del pecado es alcanzada diariamente (Mateo 6:12)—permitiendo a los cristianos permanecer en compañerismo con Dios el Padre y Jesucristo (I Juan 1:3). Así, Dios imparte fortaleza y entendimiento a cada creyente a través de Su Santo Espíritu. Cada cristiano quien es guiado por el Espíritu Santo estará creciendo en conocimiento espiritual y carácter piadoso, y ultimadamente recibirá el regalo de vida eterna en el Reino de Dios cuando Jesús regrese (II Pedro 1:4-11).

          El misterio de piedad: Dios ha revelado en Su Palabra que Su deseo es otorgar vida eterna a todos los que se arrepentirán y aceptarán a Jesucristo como salvador personal y serán bautizados para la remisión de pecados. Tan maravilloso es el propósito de Dios para el hombre que el apóstol Pablo lo llama “el misterio de piedad.” Este gran misterio de Dios es la misma razón para la vida, muerte y resurrección de Cristo: “E innegablemente, grande es el misterio de piedad: Dios fue manifestado en la carne, fue justificado en el Espíritu, fue visto por ángeles, fue proclamado entre los gentiles, fue creído en el mundo, fue recibido arriba en gloria” (I Timoteo 3:16).

          Fue para levantar hijos e hijas para Dios el Padre que Jesucristo fue manifestado en la carne. El misterio de piedad es el conocimiento que Jesús era Dios manifestado en la carne—y que por el poder del Espíritu Santo, Cristo habita dentro de cada uno de quienes el Padre ha llamado, habilitando al creyente a vencer la ley de pecado y muerte y a recibir vida eterna en la  resurrección: “Incluso el misterio que ha estado escondido desde siglos y desde generaciones, pero que ha sido revelado ahora a Sus santos; a quienes Dios quiso dar a conocer cuáles son las riquezas de la gloria de este misterio entre los gentiles; el cual es Cristo en ustedes, la esperanza de gloria” (Colosenses 1:26-27).

          Al describir el misterio de piedad, Pablo escribe que no sólo fue Dios “manifestado en la carne” sino también Él fue “justificado en el Espíritu.” (I Timoteo 3:16). ¿Cómo fue Jesucristo, como Dios en la carne, justificado en el Espíritu? Como el Señor Dios del Antiguo Testamento, Quien había creado todas las cosas, Jesús se vació a Sí mismo de Su existencia divina y eterna y fue hecho en la semejanza de hombre. Él tomó sobre Sí mismo la misma carne pecaminosa que tienen todos los seres humanos, y así el mismo juicio que fue pronunciado sobre Adán y Eva y sus descendientes. Aunque Él fue tentado como todos los otros seres humanos, Él venció la ley de pecado y muerte y a Satanás, el autor del pecado, a través del poder del Espíritu. Santo. Él condenó el pecado en la carne al vivir una vida perfecta, ni una vez cediendo a los jalones de la carne, sino siempre siendo guiado por el Espíritu Santo de Dios el Padre. Así es como Dios fue justificado en el Espíritu.

          A causa que Jesús, como Dios en la carne, fue justificado en el Espíritu, Él ha abierto el camino para que todas las cosas en la tierra y en el cielo sean reconciliadas para Dios el Padre: “Dando gracias al Padre, Quien nos ha hecho calificados para la participación de la herencia de los santos en la luz; Quien nos ha rescatado personalmente del poder de la oscuridad [Satanás] y nos ha transferido al reino del Hijo de Su amor; [al darnos el poder de Su Santo Espíritu] en Quien tenemos redención a través de Su propia sangre, incluso la remisión de pecados; Quien es la imagen del Dios invisible, el primogénito de toda creación; porque por Él fueron creadas todas las cosas, las cosas en el cielo y las cosas sobre la tierra, lo visible y lo invisible, ya sean ellos tronos, o señoríos, o principados, o poderes; todas las cosas fueron creadas por Él y para Él.

          “Y Él es antes de todo, y por Él todas las cosas subsisten. Y Él es la cabeza del cuerpo, la iglesia; Quien es el principio, el primogénito de entre los muertos, para que en todas las cosas Él mismo pudiera tener la preeminencia. Porque agradó al Padre que toda la plenitud debería vivir en Él; y, habiendo hecho paz a través de la sangre de Su cruz, por Él para reconciliar todas las cosas a Sí mismo; por Él, ya sean las cosas en la tierra, o las cosas en el cielo” (Colosenses 1:12-20).

          A través del sacrificio de Jesús, de acuerdo al gran plan de reconciliación de Dios, todos los que se arrepientan de sus pecados, y acepten a Cristo como Salvador personal, y sean bautizados reciben el regalo de salvación, con la promesa de vida eterna en el Reino de Dios. “Pero vemos a Jesús, Quien fue hecho un poco menor que los ángeles, coronado con gloria y honor a cuenta de sufrir la muerte, para que por la gracia de Dios Él mismo pudiera probar la muerte por todos; porque era conveniente para Él, para Quien todas las cosas fueron creadas, y por Quien todas las cosas existen, traer muchos hijos a la gloria, para hacer al Autor de su salvación perfecto a través de sufrimientos. Porque ambos, Quien está santificando y aquellos que son santificados son todos de Uno; por tal causa Él no está avergonzado de llamarlos hermanos” (Hebreos 2:9-11).

          Jesucristo fue el primer ser humano carnal para ser resucitado de los muertos como un ser espiritual glorificado. A Su regreso, a un número innumerable le será otorgada vida eterna como los hijos e hijas espirituales de Dios el Padre. Ellos compartirán la misma existencia eterna y gloria de Cristo, como Pablo revela: “El Espíritu mismo da testimonio conjuntamente con nuestro propio espíritu, testificando que somos hijos de Dios. Entonces si somos hijos, somos también herederos—verdaderamente, herederos de Dios y coherederos con Cristo—si ciertamente sufrimos junto con Él, para poder también ser glorificados junto con Él. Porque considero que los sufrimientos del tiempo presente no son dignos de ser comparados con la gloria que será revelada en nosotros” (Romanos 8:16-18).

          El apóstol Juan también escribió que los hijos de Dios ultimadamente serán como Jesús: “¡He aquí! ¡Que glorioso amor nos ha dado el Padre, que deberíamos ser llamados los hijos de Dios! Por esta misma razón, el mundo no nos conoce porque no lo conoció a Él. Amados, ahora somos los hijos de Dios, y no ha sido revelado aun lo que seremos; pero sabemos que cuando Él sea manifestado, seremos como Él, porque lo veremos exactamente como Él es” (I Juan 3:1-2).

          La esperanza de ser glorificados como Cristo y vivir con Él para siempre en el Reino de Dios trae significado verdadero a la observancia de la Pascua cristiana. Cada verdadero cristiano que comparte esta esperanza estará guardando fielmente esta solemne ceremonia cada año en la noche que Jesús la instituyó. Cada uno tendrá una parte con Jesucristo en esta vida y como hijos e hijas espirituales del Padre en Su reino. Cada uno participará del pan sin levadura y del vino para renovar su participación en el Nuevo Pacto y permanecer bajo la sangre de Cristo a través del siguiente año. Cada uno determinará vivir por cada palabra del Nuevo Pacto a través del poder del Espíritu Santo. Esta renovación personal de la parte de uno en el Nuevo Pacto a través de la ceremonia de la Pascua cristiana habilitará a cada uno a recibir la herencia gloriosa que les espera a los hijos de Dios.

          Dadas las restricciones causadas por la pandemia del coronavirus, muchos de ustedes tendrán que tomar la Pascua solos. En tales casos obviamente no habrá lavado de pies. Dado que Dios sabe esto, cuando llegue a la parte del lavado de pies de la ceremonia de la Pascua, usted debería ofrecer una oración especial sobre esto y dejar esto en las manos de Dios.

          Esquema del periodo de 400/430 años desde Abraham hasta el Éxodo: Uno de nuestros ancianos, Roger Tointon, ha creado un esquema que muestra como reconciliar la aparente discrepancia entre los 400 años de Génesis 15 y los 430 años de Éxodo 12. Como verá, una vez todos los pasajes Bíblicos relevantes son considerados, no hay inconsistencia. Hemos cubierto esto en mensajes pasados, pero viéndolo en la forma de un esquema mostrará claramente como Dios calculó este periodo hasta el “mismísimo día” (Éxodo 12:41). Aquel “día” fue el comienzo de la primera Fiesta de Panes sin Levadura de Israel—la noche en la que dejaron Egipto (Números 33:3-5). El esquema de Roger se adjunta a esta carta.

          Hermanos, gracias por sus oraciones por nosotros y todos los hermanos—especialmente por aquellos quienes son confrontados con enfermedad o aflicciones. Oramos cada día por aquellos que necesitan la salvación de Dios—que nuestro Padre otorgue sanidad a través de fe en el sacrificio y la sangre derramada de Jesucristo, nuestra Pascua y Salvador. Gracias por sus diezmos y ofrendas, las cuales siempre son usadas para servir a los hermanos y predicar el Evangelio.

 

Con amor en Cristo Jesús,

 

Fred R. Coulter

 

FRC

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